Noche de penaltis y más adiós azulgrana

Fue la noche de los penaltis. Hubo cuatro disparos a puerta y solo tres validos porque el que detuvo Ter Stegen a Diego Costa se tuvo que repetir y lo aprovechó Saúl, quien, posteriormente, fue también autor del tanto de pena máxima que valió el empate a dos tantos. Fue la noche en que Messi, también de penalti consiguió su gol 700 que había perseguido inútilmente en los tres partidos anteriores. El Atlético, que en principio pareció más dispuesto a conservar que a perseguir decididamente la victoria, acabó por ser el protagonista de fútbol empleado por ambos equipos. El Atlético contagió al Barça con su fútbol en el que la rapidez marcaba tanto los ataques como los regresos a zona defensiva. El Barça, empujado por el equipo madrileño, tuvo que aceptar el reto de fútbol más directo en contra de lo que había hecho durante muchos minutos. La intensidad creció por la necesidad barcelonista de no decir adiós definitivo a la Liga. Y lo hizo. El empate le condena casi definitivamente. Para el Atlético la igualada es paso adelante en Liga de Campeones.

Cholo Simeone es de los entrenadores que cree que la victoria empieza en su defensa, en hacer imposible el gol del contrario. Ante un equipo de juego melancólico como es el actual Barça la habitual fortaleza defensiva del Atlético acaba por definir el partido. Se juega con un paredón para impedir las llegadas al área de los azulgrana y cuanto sucede después puede ser cuestión de circunstancias y no de consecuencias naturales. Pese a los vanos intentos barcelonistas y las persistentes acciones de presión y rápidas salidas al contragolpe, el partido tuvo más emociones de las que se podía esperar porque los dos goles fueron casi anécdotas y no finales de jugada brillante.

Diego Costa no tiene en el Camp Nou su estadio más propicio y esta vez volverá a salir del mismo con el pesar de dos jugadas en las que fue infausto protagonista. Fue en un córner sacado por Messi cuando Diego con la cadera batió a Oblak. Poco después tuvo la oportunidad de resarcirse cuando se encargó de lanzar el penalti que consiguió su equipo en la arrancada de Carrasco que dejó en medio campo a Piqué. Costa lanzó y Ter Stegen detuvo la pelota. Hernández Hernández, árbitro del encuentro, recibió la llamada de Mateu Lahoz (VAR) que vio como el guardameta alemán se había adelantado y con ello había vulnerado el estricto reglamento de esta temporada. Hubo que repetir la jugada y esta vez fue Saúl quien tiró a puerta y engañó a Ter Stegen.

El Barça volvió a buscar el gol con la persistente manía de jugar a las paredes ante un poblada y expeditiva defensa. Messi buscó el gol 700 de su carrera que está convirtiendo en maldición. Al fin lo halló y tuvo que ser de penalti. Riqui jugaba con prisas y pese a que Busquets también llegaba hasta las inmediaciones del área y Semedo y Jordi Alaba buscaban entrar por las bandas  el juego azulgrana no tenía consecuencias. Por el contrario, cada vez que Carrasco arrancaba por su banda la zaga barcelonista pasaba apuros. En una de ellas creó el segundo penalti. Lo más peligroso del ataque local lo resolvió Oblak con autoridad. Especialmente cuando un libre directo lanzado por Messi cambió la trayectoria porque lo tocó un defensa de la barrera.

Posdata. Antes del partido del Camp Nou el Barcelona de baloncesto perdió la final de Copa en Valencia ante el Baskonia. Y el presidente Bartomeu, en la grada.