Hoy, día D, hora Setién

El Barcelona en la más aguda crisis de los últimos diez años recibe al Atlético de Madrid equipo que podría agudizar los problemas del equipo y en consonancia los que afectan a cuerpo directivo y técnico de los despachos. El estado anímico que se respira en el club, y en los medios informativos de modo más o menos silencioso, ha puesto sobre el tapete la idoneidad del entrenador Quique Setién, más aun la de su segundo Eder Sarabia, la presidencia de Josep María Bartomeu y lo inesperado, la importancia de Lionel Messi en el fondo de los problemas.

Hace unas semanas a nadie se la podía haber ocurrido mentar al mejor jugador del mundo como implicado en tiempo de adversidades deportivas y trifulcas. En momentos críticos cuando Messi no ha marcado el gol necesario para ganar dos partidos en los que el equipo ha perdido el liderato hay quienes ponen en duda que su carácter sea el más adecuado para el momento. Nadie puede poner en duda su categoría profesional, pero sí hay gentes que recuerdan el paso infausto de grandes jugadores, que algunos costaron millones de euros, como Ibrahimovic, Villa, Alcácer, Coutinho, como actualmente Griezmann y hasta se cuenta con que Neymar, tan añorado, salió del club porque le molestaba el liderazgo del argentino y tenía que someterse siempre a ser la segunda figura. En estos casos se relata la importancia de las opiniones de Messi en la permanencia de estos futbolistas.

Setién, aunque aguante hasta final de temporada, es entrenador amortizado. No es hombre que tenga mucha suerte en su andariega vida profesional. No le fue bien en Las Palmas y tampoco en el Betis. En el Camp Nou se han discutido sus métodos y ello ha llevado a que la plantilla le haya perdido el respeto. La imagen de la hidratación en la que Messi ninguneó a Sarabia y Setién se ha convertido en argumento para el que hay defensores y detractores. Una encuesta en el Camp Nou diría mayoritariamente que el jugador debe permanecer en la entidad. Sin embargo, ya hay quien se plantea la necesidad de un sustancioso traspaso antes de que llegue Xavi al banquillo.

La teoría dice que el presumible nuevo entrenador, hombre de la casa, haría como Guardiola: prescindir de los jefes del vestuario y entre ellos estaría Messi. Al menos, se le plantearía el futuro con menos mando, con menos exigencias y con un fútbol en el pudiera seguir siendo héroe, pero que permitiera brillar a los villanos. Y, sobre todo, se trataría de que el equipo practicase un fútbol en el que no priorizase las intervenciones del argentino por encima de todo.

Posdata. El Atlético es difícil adversario. La derrota del Barça sería la condena definitiva de Setién. Directiva y equipo tienen suerte: no habrá gente en las gradas.