El Atlético se reafirma en Europa

En todos los campos se guarda minuto de silencio por las víctimas del coronaviirus. En todos en el minuto de respeto suenan músicas acordes con el acto. En el Camp Nou se oye el chelo de Pau Casals con su obra “El cant del ocells”. En La Cerámica, la “Lágrima” de Francisco Tarrega, músico que además, nació en la ciudad. En Mestalla suena “La dansa del velatori” música de respeto tradicional con instrumentos propios de la tierra y en algún estadio ha sonado el Canon de Pachelbel. En todas partes el respeto por los fallecidos tiene música clásica. En el Metropolitano se recordaba también a sus propios ausentes: Peiró, Capón, Jones y Antic. La televisión nos ofreció la imagen de un violinista que en la grada tocó el “Himno del Atlético”.

Con muestra tan peculiar cabía esperar que al menos el equipo se luciera en el campo. Cholo Simeone estaba solo en la zona del banquillo sin nadie a quién alentar. Sin graderíos a los que levantar con sus aspavientos. En esas estábamos cuando el Valladolid disfrutó del primer gran disparo a gol que Oblak desvió a córner. Con el dominio del juego de los colchoneros Waldo tuvo el gol en sus pies y envió el balón rozando un poste. También Matheus puso en aprietos a la zaga rojiblanca.

Más posesión atlética, más llegadas a la portería vallisoletana, pero las contras de los blanquivioletas creaban peligro aunque en el momento decisivo Guardiola y Waldo malbarataban la oportunidad. No jugaba mal el Atlético y se hacían notar las presencias de Joao Félix, Morata y Marcos Llorente. Sin embargo, la zaga adversaria se mantenía firme y evitaba los goles.

Con los cambios, entradas de Correa, Koke y Diego Costa, los del Metropolitano buscaron más la meta de Caro, guardameta que no hizo olvidar al titular Masip. Caro tuvo salidas por alto con fallos estrepitosos. En uno de ellos, hacia el final del partido, posibilitó que Vitolo mandar la pelota hacia la red. Olivas en gran esfuerzo logró cabecear el balón hacia fuera, pero el VAR certificó que había traspasado la línea de gol.

Al Atlético le urgía sumar tres puntos en una semana en que no ganaron Sevilla y Getafe. El tercer puesto para Liga de Campeones está más cerca. Aunque los encuentros de esta improvisada fase final no acaban de mostrar la auténtica valía de los conjuntos el colchonero acaba imponiendo la calidad que se le supone.

El Valladolid aún tendrá que luchar hasta el final porque la diferencia de puntos con los tres metidos en el descenso no es suficiente. La calidad y compromiso de sus futbolistas, probablemente, le ayudará a salvar el compromiso.

Los caballos  blancos han sido siempre relámpagos. Nunca han producido luz continua. Han durado lo que sus ambiciones sociales o políticas les han dado rédito.  De un tiempo a este parte los caballos blancos han llegado en forma de petrodólares, pero no en  todas partes han surtido los efectos deseados. Verbigracia: el Málaga. En los años más recientes han acudido, además de fondos buitre, inversores chinos y tampoco estas aportaciones económicas han sido extraordinarias, ni han servido para llevar al club patrocinado a los puestos de relumbrón. Ha ocurrido con el Valencia cuyo dueño piensa más en el negocio, en la compraventa de futbolistas junto a su socio Jorge Mendes, que en potenciar el club. La última decepción ha sido la de una empresa china que se adueñó del Real Club Deportivo Español. Los periquitos, con la derrota ante el Levante en su campo de Cornellá-El Prat, se han apuntado casi definitivamente a no salir del pozo. Abelardo, entrenador que logró salvar al Alavés, parecía que iba a llevar al equipo al milagro, pero no pinta de esa manera.

También vivió frustración el Getafe. Aspiraba, si vencía al Eibar, a formalizar sus aspiraciones a Liga de Campeones. El Eibar, que tiene el agua al cuello no se amilanó con el tanto getafense y consiguió el empate que es muy valioso dado su estado de extremo peligro. De nuevo vivimos esos minutos en que un equipo marca un tanto y después de celebrarlo le dicen que no es válido, Pedro Bigas marcó lo que podría haber sido el 1-2 y el VAR, por milímetros, sentenció que hubo  fuera de juego. Están empezando a pesar esos goles anulados por milímetros. Fue un tanto precioso que habría merecido ser legal.