El derbi fue claramente sevillista

Sevilla se quedó sin Semana Santa, sin Feria de Abril, sin Rocío e incluso  sin el derbi a la manera tradicional. Al Sevilla le debió servir de consuelo el hecho de ganar a su gran rival. Un penalti discutible, señalado por Mateu Lahoz, sirvió para que Ocampos, uno de los destacados del encuentro, lograra el primer gol. El Betis no reaccionó debidamente y con el segundo tanto marcado por Fernando, a pase de tacón de Ocampos, acabó asumiendo que la victoria tenía dueño. Más fútbol de ataque sevillista y más peligros en el área bética justificaron el triunfo de los anfitriones.

En España se disputan varios derbis al año y, en mi opinión, el más vibrante, el que se disputa con media ciudad contra la otra media y con entusiasmos indescriptibles es el sevillano. No hay otras ciudades en que se viva de manera tan fervorosa como el de sevillistas y béticos. Ni siquiera el Madrid-Atlético tiene características similares. Sevilla vive el derbi como una de las grandes fechas del año. Ayer, aunque en el césped estuvieron los tradicionales adversarios el juego no pasó de ser una fotocopia algo borrosa de la realidad.

Hubo minuto de silencio, esta vez auténtico, con los dos equipos en el centro del campo con el “Canon de Pachelbel” sonando lo por los altavoces en homenaje a las víctimas del coronavirus y la imagen de Campanal por quien también hubo recuerdo antes del comienzo. Y fue dar el pitido del comienzo para que viéramos esa infamante manera de desaprovechar la posesión del saque inicial. El Betis llevó el balón a su portero. Nada de buscar la primera sorpresa como le gustaba a Di Stéfano que practicaran sus equipos. El fútbol actual está envenenado por la obsesión del mantenimiento del balón y ello lleva a la horizontalidad y los pases hacia atrás.

El Betis, a continuación, trató de presionar hasta el área contraria casi como aviso de lo que pretendía. Es equipo que gusta poseer la pelota y trata de sorprender en los primeros minutos. Su fuerte no es la defensa y por ello trata de buscar al gol lo antes posible. El Sevilla tardó poco en acomodarse y a partir de ese momento su proyección atacante fue superior. Hubo tres ocasiones de gol protagonizadas por los sevillistas y en la primera de ellas, Ocampos, de gran disparo estrelló la pelota en la cruceta.

En partido de silencios de forofos se dejaron oír los gritos casi histéricos de los entrenadores. Las órdenes sin parar fueron el acompañamiento oral de un graderío en el que solamente había jugadores suplentes espaciados para cumplir la norma sanitaria. Todos con mascarillas y sentados plácidamente sin vivir los nervios que habitualmente se padecen en los banquillos.

El entrenador bético con el 2-0 en contra intentó cambiar la imagen de los suyos y para ellos recurrió a Loren y Joaquín con el fin de buscar más jugadas de ataque. Joaquín estuvo a punto de marcar, pero todo quedó en un intento. Los sevillistas, con Banega de refuerzo en los minutos finales, aguantaron el triunfo. Al Betis le falló, entre otras cosas, el juego de Aleñá y Canales que no fueron los directores del juego de su equipo. Lo que precisaba su equipo.