El CSD dirá la última palabra

Javier Tebas, presidente de la Liga de Fútbol Profesional, cargo al que ascendió practicando la escalada futbolística, está empeñado en convertirse en el héroe del coronavirus. Es decir, el hombre que venció los horrores de la pandemia al conseguir que las competiciones de futbol se reanudaran y con ellas su aportación de los contratos televisivos con los que crecen los presupuestos de los clubes profesionales. Tebas quiere ser el individuo que derrotó a un gobierno cuando logró que hubiera público en los campos de fútbol. En su campaña por devolver gente a las gradas tiene dos aspectos muy concretos. De una parte quiere mostrar el poder que no le conceden la Federación y el Consejo Superior de Deportes que lo derrotaron en el abrazo de Viana y por otra, dado su historial ideológico nada le agradaría más que vencer a un gobierno de izquierdas. Lo que no se debe perder de vista es el hecho de que en su estrategia está el peligro que puede acarrear la presencia de espectadores en los graderíos.

Se ha empecinado en que el Gobierno de su brazo a torcer para satisfacer los deseos de clubes a los que ha alentado en su viaje hacia la que fue normalidad futbolística. A Tebas le importa un comino que Alemania esté dando un ejemplo y que en España la mayoría de los dirigentes no vean con buenos ojos la apertura de taquillas.

El Gobierno ha dejado claro que no se pueden establecer diferencias como las que pretende Tebas. Es inadmisible que se quiera programar futbol con espectadores en las ciudades en que las comunidades autonómicas, de acuerdo con la cogobernanza, abran las puertas y por el contrario, en otras, se siga disputando partidos a puerta cerrada. Tal anomalía, que deportivamente es intolerable, no puede seguir planteándose. Las autoridades lo han dejado claro: No puede haber diferencias. Todos los equipos han de disputar sus partidos en igualdad de condiciones.

A estas alturas de la función ya no se puede dar marcha atrás. Se aprobó una norma que fue aceptada unánimemente. De acuerdo con el futuro establecido el Real Madrid y el Levante comenzaron a llevar a cabo las obras proyectadas en sus estadios y ello ha tenido como consecuencia que los madridistas jueguen en Valdebebas y los levantinistas en La Nucía. Son recintos suficientes para jugar sin espectadores. Ahora no se puede dar marcha atrás. En el mejor de los casos, que no se va a dar porque el virus no habrá desaparecido en unos meses, no se sabe cuántos, la Liga habrá que acabarla como está acordado. Establecer la diferencia en lo que queda por disputar sería antirreglamentario. La Liga debe terminar en igualdad de condiciones. Todos iguales ante la ley.

Posdata. El Consejo Superior de Deportes, oídos, Liga, Federación, clubes, autoridades comunitarias es informes de Sanidad, dictará cuando es posible jugar con público, pero todo apunta a que el tramo de once partidos será a puerta cerrada.