Fichajes contra crisis

La tradición dice que en el Fútbol Club Barcelona las crisis se curan con grandes fichajes. A Josep María Bartomeu, presidente, le han dimitido seis de sus directivos con el agravante de que uno de ellos ha dicho que alguien ha metido la mano en la caja. Bartomeu no ha sido un dirigente que haya contado con grandes apoyos en la junta. Han sido varios los vicepresidentes que han dimitido y las bajas, aunque nunca han sido tan importantes como las actuales, se han producido en cuentagotas, pero como fórmula casi habitual.

La actual directiva podría continuar porque con trece personas es el mínimo que establece el reglamento. No obstante, lo más probable es que Bartomeu tome la iniciativa de sumar varios barcelonistas con pedigrí. En ello está su propio futuro ya que dentro de un año tendrá que convocar elecciones. Para suplir a los dimisionarios necesita gentes que avalen su gestión.

En el Barça se habla de grandes fichajes, táctica que ya usó en su tiempo José Luis Núñez cuando el Madrid le mojaba la oreja. Contratar grandes figuras ha sido norma del club, como también lo es del Madrid, pero los grandes dispendios se hacían en tiempos en que se podían obtener créditos blandos de la banca catalana. Han cambiado los tiempos y las reglas exigen cuentas claras y límites de los que no se puede salir. La vuelta de Neymar y la incorporación de Lautaro son dos grandes operaciones que, sin duda, cubrirían las aspiraciones de quienes aún confían en ganar la Liga y por supuesto, mejorar la plantilla para la próxima campaña.

Todos los buenos propósitos, todas las grandes cifras, son brindis al sol. Las finanzas de la entidad no permiten grandes alegrías.  Que el Madrid haya recurrido también al pacto con la plantilla para mejorar la economía en un final de temporada tan poco alentador, le ha servido para que su imagen no haya sido tan decepcionante. Mirar hacia el Bernabéu le ha permitido un respiro moral.  Pero Bartomeu sigue en la picota.

Posdata. Ha fallecido Francisco Aritmendi,  primer español en ganar el Cross de las Naciones. Le prometieron un piso del Ministerio de la Vivienda y el día que lo llevaron a visitar a Franco  su saludo fue éste: “¿Qué hay de mi piso?"