Lorenzo Sanz, sin despedida

Hoy es domingo y el estadio Santiago Bernabéu está cerrado. Hoy es domingo y las gradas están vacías. Hoy es domingo y en las gradas no habrá minuto de silencio y los jugadores no lucirán brazaletes negros en el césped. Lorenzo Sanz el presidente que recuperó para el Real Madrid la Copa de Europa, tras treinta y dos años sin catarla, ha fallecido y su muerte lleva el malhadado signo del coronavirus. En España la gente importante suele lograr el reconocimiento general los mejores elogios el día de su muerte. Y en ello hay perdones si es necesario. La muerte iguala, pero como en otras tantas cuestiones, a unos más que a otros. Lorenzo Sanz no ha tenido el día de las grandes lisonjas y los espectaculares reconocimientos. Se ha ido y no ha tenido el cortejo fúnebre que en otras circunstancias habría tenido. El virus impide que los entierros tengan la mínima manifestación hasta el punto de que muchos de los fallecidos se han ido sin el último adiós de los suyos. Lorenzo Sanz habría tenido los aplausos de sus amigos y hasta de los adversarios madridistas. La familia, aunque el duelo haya tenido que ser tan en silencio y casi de tapadillo, recibirá los pésames más sentidos. Los mereció.

Florentino Pérez, actual presidente el club, ha tenido palabras de reconocimiento hacia el dirigente que recuperó la ilusión y naturalmente ha anunciado que cuando sea posible tendrá el homenaje debido. Jupp Heynckes, entrenador con el que regresó la Copa, ha hecho unas declaraciones en las que ha dibujado una imagen del fallecido que podría resultar casi inimaginable. Para su memoria y consuelo de los suyos lo ha retratado como hombre de gran humanidad. Que sabía apoyar con su familia en los momentos en que por encima del fútbol estaba el gesto humano.

El Madrid que recuperó títulos gozó con los fichajes de Sanz que no reparó en gastos a la hora de contratar a jugadores como Ilgner, Roberto Carlos, Karembeu, Mijatovic, Seedorf y Suker entre otros. Potenció la plantilla aunque en ello hubo alardes económicos que tuvo que compensar con acciones como la venta de una parcela de la Ciudad Deportiva. No olvidó que la perla de la corona era el baloncesto y también lo potenció.

Con Sanz volvió la ilusión al Bernabéu. Lorenzo llegó al Madrid de la mano de quien fue su gran amigo en el Hipódromo, Ramón Mendoza. Las dos grandes aficiones del fallecido fueron las carreras del recinto de La Zarzuela y el Real Madrid. En ambas instituciones dejó grandes ideas y también muchos amigos. Quienes lo conocimos conservaremos el grato recuerdo de un hombre con el que se podía conversar aunque se discrepara.

Posdata. El deporte está sufriendo consecuencias humanas y económicas del coronavirus. Empiezan a ser escandalosos algunos ERTE.