Sin público, pero con sonido

El partido de Mestalla entre el Valencia y Atalanta se prometía singular. Era a gradas vacías y el equipo italiano llegó con la gran ventaja del 4-1 de la ida. Tardó tres minutos en aumentarla con un tanto de penalti. El Valencia reaccionó y consiguió la igualada, pero antes de que acabara la primera parte hubo un segundo penalti que volvió a poner en ventaja a los bergamascos. Hasta ahí casi todo era normal en un encuentro de futbol porque incluso la eliminatoria estaba definida, pero el espectáculo iba más allá.

Fue un teatro sin espectadores, pero no en silencio. Los actores no actuaban mudos. Tenían partes de la obra en la que recitar. Hablaban entre ellos, se daban consignas, se pedían la pelota. Los comentarios de los futbolistas eran captados por los micrófonos de la televisión y hasta se sabía lo que opinaba en determinados momentos el apuntador, que en este caso era rumano y en su lengua se manifestaba. Era curioso comprobar cómo se entendía con los futbolistas. Sobre todo, se explicaba muy bien con el guardameta valencianita, Cillesen, a quien advertía de que no se podía adelantar de la línea de meta como se ha establecido este año. Es una más de las reglas que se dictan para perjudicar a los cancerberos que suelen ser los más vulnerables en el partido.

Valencia está en vísperas falleras y sus socios más entusiastas no han perdido su entusiasmo festero. Varios miles se dieron cita ante las puertas de Mestalla con la intención de recibir a su equipo de manera entusiasta como suelen hacer. Esta vez la presencia de gentes de las peñas tenía consigna. Se trataba de convertir el campo en un altavoz gracias a los gritos de entusiasmo de quienes no entraron en el campo. Dejaron notar su presencia en los aledaños del mismo. Casi con parecida sonoridad a la de encuentros de Liga.

Fue el primer partido internacional a puerta cerrada. También existe la misma norma para los campeonatos nacionales. La experiencia de Mestalla puede que pase en la historia del futuro como anécdota. Sin embargo, las razones por las cuales se cerró el estadio obedecen a razones puramente sanitarias que hay que respetar y aplaudir. Ciertamente, programar fútbol en estas circunstancias no es el espectáculo más entusiasmante. Durante quince días habrá que habituarse a ello. El fútbol, pese a las declaraciones de algunos excéntricos no podía vivir al margen de los problemas de la sociedad. No era tal vez la peor decisión.

Posdata. En Éibar vivieron partido de Liga en idéntica fórmula. La Real Sociedad aprovechó para ganar y colocarse entre los clubes en puestos de Liga de Campeones. En Donosti vuelven a soñar como hicieron con aquel equipo que empezaba con Arconada y acababa con López Ufarte.