Piqué y el espíritu guerrero

Gerard Piqué suele hablar sin restricciones mentales. No siempre agrada lo que dice y menos aún si si refiere al Real Madrid. Al término del partido manifestó que nunca se había encontrado al Madrid con tanta inferioridad. Los resultados previos en Liga y Liga de Campeones le hacían suponer que estaba en baja. La primera parte del encuentro le debió hacer pensar que estaba en lo cierto. Precisamente porque un equipo fue superior y tuvo las suficientes ocasiones de gol para decantar la victoria a su lado. El Barça, a pesar de lo grisáceo que estuvo Messi y los errores ante Courtois, de éste, Arthur y Griezmann le hizo pensar que era muy superior y que la victoria no se le podía escapar. Piqué tenía en cuenta los antecedentes, las constantes frustraciones de los últimos años en el Bernabéu. Desde su punto de vista los antecedentes eran palmarios y todo podía acabar como casi era costumbre.

Con lo que no contaba Piqué era con el espíritu guerrero del Madrid. En el Bernabéu se han visto humillaciones azulgrana, pero siempre los anfitriones han sido capaces de mostrar espíritu inimitable. Hasta en los días de derrota ha habido motivos para que los madridistas pudieran contar con el valor de sus jugadores. El domingo volvió a ocurrir, pero en esta ocasión con el resultado triunfal que supusieron los dos goles. La segunda parte se vio al Madrid de las mejores ocasiones. Al Madrid que se rebela y se lanza al ataque con fe de triunfo.

Hay una cuestión que no puede pasar inadvertida. Parece que en el Bernabéu se inocula un genio que se mantiene por encima de todo aunque pasen varias generaciones. Los jugadores actuales no desmienten a quienes antaño conquistaron grandes triunfos y siempre con espíritu belicoso, siempre con irrefrenables ganas de triunfo. Es contagio que se transmite en el vestuario donde da la impresión de que pervive el genio de Di Stéfano, la pasión de Stielike, el impulso hacia arriba de Santillana, que parecía que en lugar de subir bajaba de lo alto, la elegancia de Velázquez o la sabiduría de Raúl. Y por supuesto añádanse los nombres que se quiera. Todos acaban viviendo las mismas ansias, el mismo carácter guerrero. Con el derrotó al Barcelona que se difuminó tanto que ni siquiera Messi dejó constancia de su maravilloso juego por el césped. Con esto no contaba Piqué.

Posdata. Courtois ya es guardameta para el santoral madridista. Ante el Barça se ganó ovación desde los medios.