Valverde no era el único culpable

Valverde no era el gran culpable. El problema es más profundo. Los deseos de los aficionados barcelonistas, de los dirigentes y hasta de los propios futbolistas están lejos de contemplar la realidad de la plantilla. Dentro del club se ha tomado la decisión de destituir al entrenador porque sus fórmulas no han sido siempre las más adecuadas, pero es evidente que para obtener el resultado idóneo habría que estudiar previamente las condiciones en las que se ha de mover tácticamente el conjunto. El Madrid, por ejemplo, ha recurrido a alinear a cinco centrocampistas con el fin de poseer la pelota. Tal circunstancia le permite tener más presencia en la zona en que se ha de destruir y crear. En el Barça la posesión, que le parecía tan propia como los colores de la camiseta, no es posible no sólo porque no cuenta con los jugadores que la protagonizaban, sino porque su juego es cada vez menos colectivo.

En el Madrid se exige sacrificio y todos se aplican a la misión de presionar para evitar las ventajas del adversario y crear las propias. Para ello no hay nadie que renuncie a la dura y poco brillante labor de cubrir fervientemente su correspondiente área en las misiones defensivas como buscar las penetraciones por los lugares más débiles del contrario.

En el Barça se echa en falta la colaboración defensiva, cuando ellos es menester por parte de los jugadores atacantes. En el Camp Nou nadie se atreve a poner en cuestión la labor de Messi porque éste acaba tapándose con los goles. Sin embargo, es evidente que entre él y Suárez hay poca faena cuando toca retrasar la oposición y perseguir al par que les corresponde. La poca afición a defender la parcela propia es lo que deja la zona media con escasas posibilidades y la defensa queda a la intemperie. Ter Stegen, Piqué y Messi son la columna vertebral y ente los tres se consiguen los mejores resultados, mas no basta. Por el contrario, la zaga barcelonista ha pasado a ser de las más vulnerables. Los equipos adversarios encuentran más facilidades de las que cabe esperar de la categoría de sus futbolistas. Hasta lo más modestos hallan ocasiones de gol incluso en el Camp Nou. Ya no es inusual que tenga que jugar contrarreloj para buscar la victoria. La cuestión está en qué, a veces, después de haber hecho el más difícil todavía, quizá por falta de perseverancia se topa con el empate del contrario o la goleada que lo deja en la cuneta como ocurrió en Roma y Liverpool.

Posdata. El problema está tal vez en la necesidad de los entrenadores de componer el equipo y el sistema de juego de acuerdo con el solo fundamento de Messi.