Quique Setién quiere juego bonito

Quique Setién ha demostrado que es buen entrenador. Ha dejado constancia en los equipos por los que ha pasado que tiene gusto exquisito. Que le gusta el fútbol creativo por encima del que hace prevalecer la fuerza sobre el ingenio. En ocasiones ha obviado algunas de las condiciones de sus jugadores, para hace prevalecer sus ideas y ello no siempre tiene buen fin. En sus actuaciones se ha distinguido por tratar de imponer sus fórmulas aunque no siempre hayan sido las más adecuadas. Todos los equipos no son susceptibles de protagonizar el juego bonito que pretende. Su currículo ha estado definido por claroscuros. Junto a grandes elogios, a aplausos de las hinchadas, se ha ganado después situaciones conflictivas y de ellas no ha salido con buen pie.

Setién fue jugador de calidad y como entrenador pretendió que sus equipos adoptaran sistemas en los que se acabara reconociendo la calidad de su juego y, fundamentalmente, sus estrategias. No se olvide que el actual entrenador del Barcelona es jugador de ajedrez que ha tenido la osadía de enfrentarse campeones como Karpov y Kasparov. Triunfó en el Lugo y ello el valió ascender peldaños. No obstante, su paso por dos clubes con historial y pretensiones, Las Palmas y Betis no finalizaron placenteramente. Lo que en principio fueron toda clase de aplausos pasaron a ser enfrentamientos y discrepancias. Setién es hombre de convicciones a las que no renuncia en ningún momento independientemente de los jugadores a los que dirige y las necesidades del club.

Ha entrado con buen pie con sus manifestaciones en las que se ha declarado feliz por haber llegado a una entidad como la barcelonesa. Es adicto al régimen culé, es decir al caudillaje de Johan Cruyff y Pep Guardiola. Se supone que pretenderá que el equipo juegue al modo que le hizo admirable nacional e internacionalmente. Es su primer reto.

Posdata. En el Barça, la última palabra es de Lionel Messi. Setién necesitará mano izquierda.