Prórroga, penaltis y Supercopa para el Madrid

A la final de la Supercopa le sobraron noventa minutos. Todos lo importante, todas las grandes emociones, los minutos en que el mínimo fallo costaba la vida del artista, ocurrieron en la prórroga. El partido no se resolvió sólo en los lanzamientos de penalti en los que los atléticos estuvieron muy desafortunados, sino en la jugada que pudo haber sido clave: la falta de Valverde a Morata que le impidió llegar frente a Courtois con las ventajas que tiene quien se planta ante el guardameta. Valverde se ganó la tarjeta roja, pero futbolísticamente su club, probablemente le felicitará porque tan mala acción resultó altamente beneficiosa. Fue un pecado que gozó de todas las bendiciones.

Hubo que llegar a la prórroga en la que hubo cambios de jugadores para poner más fortaleza en las piernas, variaciones de sistema, jugadas merecedoras del gol en ambas áreas y finalmente los emotivos minutos en que lanzadores y guardametas se jugaron el resultado final. Carvajal marcó, Saúl tiro al palo. Rodrigo hizo el 2-0, Courtois paró el tiro de Thomas, Modric hizo el 3-0, Trippier consiguió el único tanto colchonero y Sergio Ramos remató con el 4-1.

Joao Félix perdió la oportunidad de comenzar a crearse imagen de ídolo en el Manzanares, pero desperdició la ocasión. Tuvo la oportunidad de batir a Courtois cuando se llegaba al primer cuarto de hora y mandó el balón fuera. Se la había dejado, como a Fernando VII, Sergio Ramos. Éste cometió uno de esos errores garrafales que se le ven de Pascuas a Ramos, aunque suelen ser muy llamativos, y el portugués marró. Habría puesto el partido con cara rojiblanca cuando se temía que tuviera color blanco.

Zidane repitió la fórmula que le valió para derrotar al Valencia y puso cinco centrocampistas con solo Jovic en punta de ataque. Se trataba de poseer el balón y de hacer que el Atlético persiguiera sombras. No hubo tal porque este se sacrificó desde el comienzo tratando de evitar que el adversario saliera de su campo jugando el balón a su conveniencia. Trató desde el comienzo de convertir el juego en cuestión de dos. Presionó muy arriba y buscó la contra que en dos ocasiones le pudo resultar positiva. Sobre todo, cuando estaba terminando el primer tiempo y los diez minutos anteriores había sido el Madrid el que se había hallado en el campo con más facilidad que en el tiempo anterior.

El partido no tuvo brillantez. Sólo en algunos instantes hubo destellos de calidad. La mayoría del tiempo fue de jugadas con precauciones por parte de ambos conjuntos. El Madrid no se encontró tan libre como ante el Valencia y el Atlético estuvo más acertado defendiendo que atacando. El juego no fue para que ninguno de los dos equipos mereciera las complacencias de los goles.

Hay una cuestión que me planteo cada vez con más frecuencia: ¿Tan pocas instrucciones da Simeone en el vestuario que se ve obligado a darlas  sin descanso alguno? Tengo para mí que cuando gana y cuando pierde se desprende el de su deseo de ser protagonista.