Exhibición de moral del Atlético

Los aficionados exquisitos suelen decir que no hay dos partidos iguales. Lo que sí se puede afirmar es que hay encuentros que se parecen mucho. Al principio, el del Barça-Atlético al Madrid-Valencia. El Madrid se apropió del Balón y el Barça hizo lo mismo. La diferencia estuvo en la segunda parte en la que el Barça no supo ganar la eliminatoria y el Atlético consciente de que tenía que luchar hasta el último instante no desistió y se llevó el triunfo. Efectivamente, el partido entre Barça y Atlético no se pareció en tal vez a ningún partido. El marcador acabó con cinco goles validos y dos anulados al Barça. El Atlético por medio de Morata marcó de penalti y Piqué hizo un segundo penalti y el árbitro y los del VAR no lo sentenciaron. El juego fue de poder a poder y de ahí que hubiera siete cartulinas amarillas. El Atlético, el segundo invitado, también jugará la final. Los dos campeones han sido eliminados. Y el Atlético reivindicó al Alcoyano.

En la primera mitad, el Atlético acabó encajonado demasiado tiempo con enfado de su entrenador que, seguramente, había pedido a los suyos que actuaron de otra manera. Suele suceder que lo que se ordena en el vestuario no siempre se traslada al juego. Hubo un entrenador al que se le reprochó que no colocaba bien a sus hombres y respondió que si lo hacía, pero luego los futbolistas se movían.

Probablemente, Valverde pensó en que se iba a topar con un partido en el que no iban a faltar roces y tal vez por ello recurrió a Arturo Vidal en el centro del campo. Ya se sabe que el chileno es de los que siempre da la cara y por ello puede ser contrapunto a lo que pueda pretender Messi.

Oblak es un guardameta extraordinario y lo volvió a demostrar. Messi es el mejor jugador de la galaxia e intentó dejar constancia de que su calidad ha de resplandecer siempre. Se le vio más participativo que en anteriores partidos. No se limitó a esperar el pase de un compañero para inicia la jugada. Buscó el balón con afán, pero su gol no llegó siempre que parecía que era inevitable porque Oblak estaba allí.

El juego de la primera parte fue cosa del Barça de tal modo que a Morata hubo que buscarlo con lupa porque al pobre no le llegó un balón con el que dejar clara su presencia. Y tampoco estuvo muy afortunado Joao Félix que hasta dio una patada al aire cuando pretendía mandar el balón hacia los dominios de Neto.

El juego no se prestó a muchas florituras aunque hubo algunas de manera muy esporádica. Lo que si predominó fue le interrupción por medio de las faltas. Las emociones comenzaron en el minuto 46 cuando, inesperadamente, Koke batió a Neto. El Atlético experto en el juego a la italiana, defensa de su meta y salidas al contragolpe, tras el tanto pareció que se iba a dedicar a defender su ventaja. El Barça reaccionó y llegaron los goles. El primero de Messi y el segundo de Griezmann en una jugada en la que colaboraron Alba y Suárez. El tercero lo marcó Messi y fue anulado porque se ayudó con un hombro. El cuarto fue remate de Piqué y hubo fuera de juego de Vidal. Ambos tantos solo pudieron ser anulados por el VAR. De otra manera habrían sido validados. Porque eran cosa de milímetros.

Y a partir de ahí volvió a quedar en evidencia que el Barça defiende muy mal. Hubo penalti de Neto y Morata hizo el empate. El Barça volvió a dejar huecos atrás en su desesperada búsqueda del gol y en nueva contra Correa logró la victoria. Después aun hubo oportunidad para Llorente que salvó Neto.

Hasta el último instante hubo emociones constantes. El Atlético no se arredró cuando parecía que podía acabar goleado y el Barça no supo defender su ventaja. La fortaleza de ánimo colchonera valió el pase a la final.