Barça-Madrid, más que fútbol

Los partidos entre Barcelona y Real Madrid han tenido connotaciones políticas desde 1943. Fue en una semifinal de Copa en la que el equipo barcelonés ganó en casa por 3-0 y perdió en Chamartín por 11-1 con participación de un alto mando policial en su vestuario. El presidente barcelonés, el marqués de la Mesa de Asta, dimitió por la injusticia con que se trató a su club, que fue multado por los pitos de la ida y por los de la vuelta, que fueron, evidentemente, madridistas. El presidente madrileño tuvo que dimitir y el presidente de la Federación, Rafael Barroso Sánchez-Guerra, nombró a su amigo Santiago Bernabéu. Después han sido varias las situaciones en las que lo deportivo ha tenido reacciones políticas. Por ejemplo, el fichaje de Alfredo di Stéfano. Y no digamos nada del arbitraje del desaparecido Guruceta.

Los resultados, los arbitrajes, los traslados de jugadores de un club al contrario, han sido siempre motivo para agrandar los problemas y prácticamente no ha habido confrontación en la que hubiera algo importante en juego que no haya habido broncas o al menos discusiones dialécticas. Desde Barcelona siempre se han visto los poderes del centralismo.

En esta ocasión el problema es mayor que nunca y ninguno de los dos clubes es responsable del ambiente. Barça, ni Madrid, tienen nada que ver con que se aplazara el partido cuando tocaba, ni ahora tienen que ver con que los radicales hayan amenazado con distorsionarlo. Nunca como hasta ahora se habían tomado medidas tan importantes por parte de los servicios de seguridad. Todas las policías están involucradas porque se teme que quienes han amenazado con crear graves problemas sean capaces de hacer del partido de fútbol una explosión de extremismo político.

Barça, Madrid y miembros del equipo arbitral, viajarán juntos desde un mismo hotel y los autocares serán debidamente custodiados para que los protagonistas lleguen al Camp Nou sin problemas. En esta cuestión tan delicada en la que la política catalanista ha intervenido de manera tan preocupante, se podría dar el caso de que por falta de seguridad el Madrid se negara a jugar. Podría suceder también que el partido no pudiera comenzar si el césped fuera invadido por numerosos grupos de manifestantes.

Hay que confiar en que finalmente las fuerzas de orden público eviten situaciones problemáticas que lleven a un final lamentable. Los radicales que han amenazado no se han debido dar cuenta de que en este caso quien resultaría perjudicado sería el Barça. Espero que no deseen que el recinto se cierre. Si se produjera un castigo futbolísticamente reglamentario los radicales se aferrarían a ello como nueva querella contra los estamentos federativos españoles.

Posdata. El president Josep Tarradellas tuvo intervenir en una ocasión para que José Luis Núñez y Luis de Carlos firmaran la paz. Tarradellas arremetió con el Barça porque el club no debía promover una política distinta a la que emanaba de la Generalitat.