Como siempre resolvió Messi

La teoría argentina de que debe correr el balón y no el jugador era válida cuando la mayoría de los futbolistas no eran atletas. Ahora, la preparación física permite mayor empeño, más velocidad y quien más corre, si aguanta el ritmo, acaba por ganar. El Atlético de Simeone juega con gran esfuerzo de los jugadores. Se fajan con el contrario desde el principio. A Simeone siempre le han gustado más los corredores de fondo que los finos estilistas. Con su fórmula el Atlético protagonizó media hora en la que ganó el balón y el espacio. Al Barça, que iba a menor velocidad, le costaba mantener la pelota. Su estilo de manejo del balón con demasiada parsimonia era desbordado por los atléticos. Pero acabó ocurriendo que los barcelonistas, con menor esfuerzo, acabaron por imponer su ritmo y con la posesión de la pelota crearon las ocasiones de gol de las que no había disfrutado en media hora.

La presión rojiblanca se tradujo en dos claras ocasiones de gol. La primera fue propiciada por Firpo que desvió un remate y afortunadamente para su equipo dio en un poste y salió. La segunda gran oportunidad la resolvió Ter Stegen de manera espectacular. La segunda también la malbarató Ter Stegen cuando Morata remató  a tres metros de la portería. Mientras el Barça se vio superado halló la eficacia de su guardameta. Luego, el equipo encontró a Messi y los apuros fueron para Oblak. Rakitic se encontró con el balón ante Oblak y lo estrelló en el cuerpo de este. En las postrimerías de la primera parte Piqué estrelló un remate en el larguero. Fue medio partido en el que hubo más tensión, más disputas sin que nadie retrasara un  pie y oportunidades para ambos conjuntos. La falta de goles no desmereció lo que se vio en el terreno de juego.

No cambió el juego en la segunda parte. De nuevo ambos equipos trataron  de imponer su juego, pero el Barça careció del buen toque de antaño y por ello tuvo que contener los ímpetus rojiblancos que no cesaron en ningún momento. El equipo catalán trató varias veces de moderar la velocidad, de jugar a su manera, pero el mando en esta fórmula le duró muy poco. Para ganar tuvo que recurrir al de siempre. Messi, que en el primer tiempo había hecho un par de jugadas de fantasía se decidió a resolver el partido y en combinación con Suárez sin preparar el remate batió a Oblak al modo más tradicional: tiro raso y junto al palo.

Ganó el Barça sin que ello significara superioridad. Los viejos cronistas en estos casos solían decir que lo justo habría sido el empate. O ambos merecieron la victoria.