El Madrid mima a Bale

Las relaciones ente los clubes y los futbolistas de sus plantillas no suelen tener normas universales. Ante los conflictos no hay reacciones que entre los dirigentes puedan ser consideradas reglas a seguir. Miles de aficionados, según se desprende de las reacciones de las gradas ante Gareth Bale, son partidarios de despedirle por sus repetidas faltas disciplinarias y sus desplantes ante el entrenador. Ocurre que en el Real Madrid en lugar de poner pies en pared han optado por considerar la posibilidad de devolverle al redil. Hay gentes en el club que en lugar de pedir más disciplina e incluso alguna sanción por faltar al reglamento interno están dedicadas a pasar por alto hasta sus provocaciones. Se trata de decir públicamente que es el mejor jugador del equipo y confían en que se haga el ánimo y se recupere.

Da la impresión de que la terapia psicológica no se está aplicando al futbolista sino a los dirigentes. No es el jugador quien ha de cantar la palinodia y excusarse incluso ante sus compañeros por sus irregularidades, sino el entrenador. Se trata, según se colige de la actitud adoptada se pretende que de chico malo pase a ser chico bueno.

A estas alturas de la función da la impresión de que los medios informativos pidiendo sangre no están en consonancia con los dirigentes madridistas. Hay como se ve dos posturas contrarias. Los médicos dicen que está en perfectas condiciones físicas y él únicamente se halla apto para el servicio cuando tiene que jugar con su selección. Con quien le paga, cortes de manga. Se ha atrevido hasta fotografiarse con una pancarta en la que expone sus preferencias vitales. Primero, Gales, después el golf y finalmente, el Madrid.

Zidane, a quien le toca lidiar el problema, se ha convertido en el Job de la historia de la entidad porque no se recuerda un caso como éste. Si el Madrid logra cambiar el orden de sus preferencias y al menos está en segundo lugar habrá que felicitar al siquiatra que con sus método consigue que el Bernabéu vuelva a ver, aunque a pequeñas y espaciadas dosis, al jugador que bautizado como “expreso de Gales” no ha pasado de ser un regional con retrasos.

Posdata. Robert Moreno con su indemnización pasa a ser el segundo entrenador mejor pagado del mundo. Un Poulidor envidiable.