El relevo era natural y consensuado

Robert Moreno fue segundo de Luis Enrique desde su tierna infancia profesional. Eran amigo y discípulo en los varios banquillos en que trabajaron juntos. Uno como jefe y el otro como segundo. Había amistad y relación entrañable deportivamente. No hacía falta exhibir documentos para que existiera constancia de que Robert pasó a ocupar la plaza de seleccionador hasta que Luis Enrique superara sus problemas familiares. No fue preciso que hubiera explicaciones desde la Federación para conocer que el día en que Luis Enrique superara su trauma familiar y decidiera volver no habría problemas para ello. El propio Robert Moreno en septiembre mostró su conformidad y casi su deseo de que regresara quien había sido su protector.

Ha ocurrido lo inesperado. Moreno ha dirigido al equipo nacional con cierta solvencia a pesar de los dos empates con Noruega y Suecia, las dos selecciones más potentes del grupo. Había confianza en él, pero no absoluta. Era lógico que aquel aplazamiento que se concedió a Luis Enrique fuera cancelado y, consecuentemente, regresara. Robert Moreno se había ilusionado con el cargo y hasta se había concedido una calificación de diez. Le tomó gusto al puesto y lo que es muy humano se consideró apto para seguir en el cargo. No ha sido repudiado, pero ha fallado comunicación o simplemente un desacuerdo respecto de lo que se pactó cuando Luis Enrique regresó a casa a vivir los últimos días de su hija.

Es problemático entender por qué en veinticuatro horas se ha emponzoñado la cuestión y el seleccionador antes de ser oficialmente destituido o mejor relevado, que era lo que se pretendía, ha puesto pies en pared. Se ha considerado ninguneado lo que él bien sabe que no ha sido así. Llegó al puesto con la anuencia de Luis Enrique y la idea federativa de que se podía producir nuevo relevo con vuelta atrás.

Ha sorprendido que Robert se haya sentido tan mal por una cuestión que estaba en el papel de la obra desde el comienzo de la representación de la misma Y ha sido más sorprendente todavía que en lugar de ir a la Federación para hablar de su futuro haya enviado a dos abogados. Lo que debió ser un cambio de papeles con la vuelta de cada uno al suyo ha sido casi un escándalo.

El futuro está de nuevo en manos de Luis Enrique a quien si cabe exigir que cree un equipo, que se aparte de los cambios radicales que han impedido hasta ahora conocer una mínima parte de la alineación. Con la Eurocopa por medio al reaparecido le toca dejar al margen las excesivas probaturas para ir confeccionando un equipo creíble. El que ahora no existe a pesar de las goleadas a Malta y Rumanía. La Eurocopa exigirá más. Luis Enrique ya no tiene que componer listas para quedar bien con los llamados. Robert Moreno ha tenido la virtud de haber concedido minutos a todos en busca del aplauso del vestuario. Ha sabido quedar bien ante los futbolistas.

Posdata. El 6 de octubre en estas páginas ya se insinuó la vuelta de Luis Enrique. No había caso para sorprenderse. El relevo se atisbaba de lejos