El Madrid calla sobre Bale y James

Zinedine Zidane no tiene discurso brillante. Dice cosas a la pata la llana con lo cual no se sabe si cuenta alguna novedad que no le hayamos oído más veces. En sus apariciones ante los medios informativos acaba por afirmar que toda va bien, que sus jugadores son magníficos y que la menor aportación ante los adversarios le parece tan habitual como las ocasiones en que no tiene que exaltar glorias. Por el contrario, se abstiene de señalar y mucho menos cantar la palinodia. Hace un par de semanas estaba en situación tan precaria que hasta los mayores turiferarios habían comenzado a insinuar llegada tan estomagante como la de Mourinho. Dos victorias por goleada dan la impresión de que todas las decepciones anteriores no han existido. Leganés y Eibar, que no son el Liverpool o el City, han servido para levantar la moral y acallar las malas costumbres. Estas, naturalmente, las de Bale y James.

Para Zidane no existe problema alguno con los dos foráneos. Los médicos no hablan de sus lesiones aunque no están para jugar en el Madrid. Sin embargo, ambos se van a jugar con sus respectivas selecciones. La cuestión comienza a ser esperpéntica y lo peor, que el entrenador las pase de manera casi natural y el club no haya dicho nada al respecto. Tampoco es cosa de que aparezca Butragueño, que es portavoz de la entidad, porque de éste se puede esperar menos aún declaración que satisfaga a los socios. Estos se preguntan por qué persiste el problema de ambos futbolistas que no aguantan hasta el final del partido como ocurrió el día del empate con el Betis, o no llegan a tiempo para acudir al vestuario a dar ánimos a los compañeros como hizo James el día del Leganés. Ambos futbolistas no se han declarado en rebeldía ni tampoco le club toma medidas disciplinarias. Pretende no darse por enterado. Al menos en los medios informativos.

Lo mejor que le ha ocurrido al Madrid en las últimas semanas ha sido la aparición estelar de Hazard. Había estado por debajo de lo que se espera de él y, finalmente, ha hecho acto de presencia. El gran jugador ha dejado de ser incógnita. Ya se ha ensamblado en el equipo.