Gimeno, campeón y caballero

Andrés Gimeno fue el primer tenista español que alcanzó reconocimiento internacional aunque se perdió la etapa en que con Santana habría podido alcanzar el aprecio que en España nunca se le tuvo. Andrés fue profesional en tiempos en que Manolo Santana, José Luis Arilla, Juan Gisbert y Juan Manuel Couder formaban parte del equipo amateur de la época. Después se unió Manolo Orantes. Se percibían remuneraciones económicas, pero no figuraban como profesionales porque los dineros no eran realmente importantes.

Andrés destacó en el campo amateur y fue fichado por el promotor Jack Kramer, que formó un cuadro de jugadores excepcionales que disputaban torneos que no figuraban en las estadísticas federativas, aunque si en las carteleras de espectáculos deportivos. Gimeno compitió con Rod Laver, Ken Rossewall, Lewis Hoad, Pancho Segura, Alex Olmedo y Pancho González, entre otros. Su prestigio creció internacionalmente, pero su ausencia en la Copa Davis le impidió ser reconocido en España.

Gimeno aceptó la oferta de 50.000 dólares que le hizo Jack Kramer, que había creado un conjunto de estrellas y los llevaba por grandes ciudades de Estados Unidos e incluso organizaba partidos en lugares impensados siempre en busca del gran público. Santana tuvo una oferta de 25.000 dólares, pero Juan Antonio Samaranch lo convenció para que se quedara en el amateurismo. Gracias a ello España disputó dos finales de Copa Davis en Australia, en 1965 y 1967, en Sidney y Brisbane respectivamente.

Andrés, con los demás profesionales, se incorporó al circuito “open” a finales de los sesenta y en Paris, en 1972, ganó el Roland Garros al francés Proisy. Por la noche la celebración la hicimos en La Tour D´Argent con Pablo Lloréns, presidente federativo. Andrés era feliz porque había logrado un Gran Slam en tiempo en que no había división entre los tenistas. Probablemente, de no pasar al profesionalismo, España, en Australia, habría ganado su primera Davis.

Andrés no tuvo en sus últimos años felicidad económica por lo que tuvo que ser auxiliado por sus compañeros de profesión y entre ellos el rumano Ion Tiriac, que fue el primero en felicitarle en la final de Roland Garros. Aquella tarde perdí la compostura y desde la tribuna grité como un forofo: “Apa Andreu q´eixe es teu”.

Con Andrés se pierde una figura realmente histórica aunque el profesionalismo le impidió alcanzar el prestigio que su tenis ganó en Estados Unidos y que fue más que en España. Era un caballero, hombre de bien, persona entrañable a la que se podía querer. Le recordaré siempre.

Posdata. La selección femenina de fútbol ha vuelto a encandilar con su triunfo 1-4 ante Chequia. Algunas jugadoras ya tienen espacios destacados los medios informativos deportivos. Varios nombres ya suenan a familiares.