España apabulló a Argentina

Las vísperas de la final del Mundial de baloncesto anunciaban partido muy disputado. Los más optimistas ofrecían un resultado victorioso, pero muy ajustado, por poco. Se barruntaban quienes estaban cerca de los dos equipos finalistas que perder no era fracaso. Argentina ofrecía un conjunto sólido y con extraordinarias individualidades. Se temía que Scola pudiera estar por encima de nuestros pivotes ya que al final todo se echaba en manos de Marc Gasol, ausentes su hermano y Mirotic u Obaka y se consideraba que iba a actuar en inferioridad. Todo hacía presumir que la medalla de plata iba a ser un premio satisfactorio. Y ocurrió todo lo contrario. Sucedió que el equipo español estuvo siempre por delante y llegó al momento de cerrar el encuentro con veinte puntos de ventaja. Era inimaginable. Solamente al seguir el juego minuto a minuto se podía comprender que España ganara con tanta autoridad.

La selección española comenzó los partidos con muchas dudas, con grandes errores lo que le obligó a hacer grandes esfuerzos para acabar consiguiendo el triunfo. Contra Argentina ocurrió lo contrario. Desde el primer instante se tomó ventaja. Desde el primer minuto todos los componentes de nuestra Roja baloncestistica sacaron a relucir sus mejores virtudes.

Sería injusto citar a los mejores. En el sentido de las distinciones basta con hacer constar que en el equipo ideal del campeonato hubo dos españoles, Marc Gasol y Ricky Rubio. Éste, además fue el mejor jugador del partido y del torneo. Pero no se puede olvidar el derroche del conjunto de los diez restantes. España ha ganado apabullando a Argentina a pesar de que esta en el cuarto final echó mano de una presión cercana a lo imposible porque había momentos en que el español con el balón en las manos se topaba con tres adversarios dispuestos a robárselo.

Hubo que hacer esfuerzo físico y mental extraordinario para no ceder ante el juego recio de los argentinos. Un equipo con menos alma se habría entregado. Argentina hizo varios robos y consiguió canastas que acortaron el resultado. En esos instantes hubo que jugar con más cabeza que corazón. El arrebato argentino se salvó y de nuevo el marcador fue creciendo favorablemente. Argentina en su desesperación cometió las faltas personales suficientes para embarrar su objetivo. Los españoles rompieron la dinámica de los adversarios con un juego en el que se trató de evitar improvisaciones. El final fue casi tan apoteósico como el principio. Nunca se podía imaginar ningún aficionado que España vencería de manera tan extraordinaria. Y fue contra un equipo con grandes jugadores. Algunos los veremos este año en nuestra competición nacional. Pero con medalla de plata. El oro fue nuestro.

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