Bale y James, absueltos

No hay nada más castigado que la lengua. Zidane debe estar lamentándose por aquellas frases en las que mandó al rincón de las ánimas a Bale y James. Para ser justos, ni él, ni quienes seguimos más o menos de cerca el devenir el Real Madrid contábamos con la posibilidad de que ambos acabaran jugando, y en el Bernabéu, ante los fieles de la parroquia que podían dictar sentencia definitiva. Sucedió lo contrario. El personal civil asentado en las gradas del estadio se manifestó en favor de los dos. Los absolvió de injustas acusaciones.

Los murmullos por la aparición de Bale en el juego se tornaron en aplausos cuando se comprobó que el galés estaba por la labor y cuando así se manifiesta demuestra que puede tener sitio en cualquier equipo importante. Lo de Bale no era problema del club. Y él ha sido quien ha comenzado a despejar las dudas. Continuará  probablemente sin hablar nuestro idioma y si se lo propone se manifestará en el mejor de sus expresiones que no son otras que las futbolísticas. El año en que el club le puso encima la tarjeta de transferible y no ha habido clubes importantes interesados por su fichaje, tal vez le haya servido para recapacitar y pensar en la posibilidad de acabar convenciendo a dirigentes, técnicos y aficionados.

James caía bien y contra él no habíamos anotado manifestaciones descalificadoras. Se sabía que no se le quería, pero en general existía la opinión de que podía tener sitio. La prueba evidente de que el Bernabéu lo estima estuvo en el momento en que por cansancio fue sustituido por Vinicius. El estallido general fue muy favorable. La condena al exilio le fue conmutada. La gente entiende que es futbolista con calidad sobrada para mantenerse en el conjunto. Las lesiones de Hazard y Asensio han beneficiado el dúo que estaba destinado al despido.

Aún no se ha cerrado la etapa de los fichajes y da la impresión de que en el Madrid hay arrepentimiento por haber menospreciado a Bale y James. Zidane no se puede tirar de los pelos por razones obvias y tampoco darse golpes de pecho, pero alguna formula tendrá para que se le perdonen sus decisiones que no han sido las más convincentes. El fútbol le ha quitado razones. A los dirigentes que fomentaron los despidos les queda llorar en los Paúles.

Posdata. La crisis del Valencia fomentada por los malos resultados acabará con despidos y dimisiones. Lim y Mendes, los culpables.