Fue la gran final

En Wimbledon no hubo la final deseada. Por los españoles, se entiende. No jugó Nadal y tampoco Bautista aunque para este fue muy importante llegar a las semifinales y hasta el ganarle un set a Djokovic. Que el serbio se enfrentara al suizo Federer, número uno del mundo y tal vez de la historia, podría haber sido un partido al que volviéramos la espalda dado que no estaba el ídolo español. No fue así. No conozco las estadísticas televisivas, pero por lo que se ha podido escuchar en cualquier parte y lo que se ha visto en los periódicos y oído en las emisoras de radio, da la impresión de que nunca una final de tenis fue tan seguida como esta.

Fue un partido con emociones constantes, con alternativas en el juego y sobre todo el quinto set nunca visto. Ganó el serbio, más joven que su oponente y en magnifica forma física y hasta psicológica porque no se descompuso cuando parecía que Roger era invencible. Lo intentó todo, le hizo correr de parte a parte de la pista y sin embargo, lo devolvía todo. Claro que desde el punto de vista de Federar se podía pensar en lo contrario porque Djokovic era inasequible al desaliento.

Nunca una final había alcanzado tantos entusiasmos en las gradas ni más incógnitas porque en cada momento se podía pensar en que

la victoria cambiaba de mano. Lo más sorprendente de esta final fue el hecho de un hombre con la calidad y la experiencia de Federer desperdiciara dos bolas de set y partido. Probablemente, ni él mismo se explicará que le ocurrió.

Nos perdimos la oportunidad de ver una nueva final de Nadal y tras la visto es lógico que nos preguntemos cuál habría podido ser su papel ante cualquiera de los dos. No jugó el manacorense y, pese a ello, Wimbledon no pasó a segundo plano. Tras lo visto en los cinco sets, con el estrambote del quinto hay que convenir que mereció la pena. No pudimos mostrar nuestra preferencia caso de que hubiera participado Nadal y, sin embargo, creo que en todos los grupos de gentes que se concentraron ante el televisor hubo partidarios de ambos. No estaba el nuestro y nos inclinamos por uno de los dos finalistas. Y eso que no eran de los nuestros.

Posdata. Muchos entrenadores apuestan por lo que creen que es lo seguro. El Valencia tiene una perla internacional, Kagin Lee, y Marcelino, el entrenador, lo quiere ceder. No se atreve a darle oportunidades.