El Tour, siempre esperanzador

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A Luis García Berlanga no se le podía llamar por estas fechas a la hora de la siesta y no es que la durmiera, sino que estaba muy despierto para seguir los avatares del Tour. Era uno de los miles de españoles que estábamos pendientes de la carrera más importante del mundo. En ella vivíamos atentos a nuestros ciclistas que no siempre eran nuestros grandes héroes porque tal papel lo representaban corredores de otros países.

En los años de los Coppi, Bartali y Bobet, pongamos por caso, nos contentábamos con que los nuestros ganaran una etapa o sobre todo se alzaran con las victorias en los altos de los grandes puertos. Tardamos años en poder aplaudir a uno de los nuestros y ello ocurrió con Federico Martín Bahamontes, que ganó un día 18 de julio cuando el régimen festejaba una malhadada fecha y quienes seguíamos el ciclismo poníamos el alma en que en aquella fecha se celebraba en el santoral a San Federico. Luego, afortunadamente, llegaron las glorias de Perico y, fundamentalmente de Indurain.

Nos pasamos años sin conciliar el sueño veraniego esperando las hazañas en los Tourmalet y Aubisque y finalmente la gloria, que ahora está en los Campos Eliseos, también es cosa de los nuestros. El Tour ya no es desde el punto de vista español cuestión de los escaladores, de los “grimpeur”, que dijeron los primeros cronistas que llegaron a París y bautizaron la carrera como “serpiente multicolor”.

Este año como en otras ocasiones continuaremos con la ilusión puesta en algunos de los nuestros. En la primera etapa de montañas ya aparecieron por los primeros puestos. Especialmente Mikel Landa que forma parte del trío de nuestros participantes con serias aspiraciones. Como siempre no será fácil alcanzar el triunfo final. El Tour dio el primer aldabonazo, la primera batalla por los mejores puestos. Para los españoles siguiendo la tradición pondremos todas las ilusiones en Pirineos y Alpes. Es en las grandes cimas donde se gana el Tour aunque los mejores siempre han acabado por fundamentar su triunfo en las etapas contrarreloj en las que siempre perdemos tiempo individualmente o por equipos.

El Tour es prueba que tiene tanto de mitología como de auténtico deporte. Para los galos, más todavía que para los españoles. Francia sueña cada año el día de su fiesta nacional con que uno de los suyos gane la etapa. Es el consuelo cuando el jersey amarillo es para otros. Los franceses tratan de solazarse cuando sus Anquetil o Hinault no alcanzan la cima y los españoles acabamos por celebrar que uno de los nuestros suba al podio. Lo de los Tourmalet forma parte de la tradición y ya casi no se disfruta.

Posdata. Samuel Becket no escribió “Esperando a Godot” por un corredor del Tour. Nunca participó un ciclista con este apellido.