Neymar y Griezmann, vidas algo paralelas

Neymar y Griezmann son dos historias algo paralelas. El brasileño no acaba ninguna temporada con el aplauso de sus clubs y entre él y su papá se abre cada año un compás de espera hasta comprobar en que nido pondrá el huevo. Griezmann estuvo a punto de salir del Atlético en la pasada temporada y su fichaje por el Barça se frustró. Este año estamos viviendo similar incertidumbre. Aunque el jugador ha dicho que sabe dónde jugará la próxima temporada el resto de los mortales desconocemos en donde se posará.

Neymar ha perdido valor en el mercado. Sus lesiones, sus viajes a su país para celebraciones familiares, sus actitudes éticamente poco defendibles en el PSG y otros problemas que pueden ser de mayor cuantía le han rebajado el valor de manera extraordinaria. Neymar ya no vale los dineros que pagó el club francés al Barcelona.

El brasileño juega con su futuro como quien anuncia que está en disposición de aceptar contratos desde distintos lugares. Juega a ello y mientras nos distraemos con los rumores sobre su posible fichaje por el Madrid o su vuelta al Barcelona el chico está malvendiendo su prestigio. Cada día tiene menos salida en el mercado. Ficharle es más que un riesgo económico. Los dineros, que ahora son menos, empiezan a conformar la segunda parte de la parte contratante. Neymar es individuo por el que resulta arriesgado apostar.

Griezmann no vale tanto como él cree. El Atlético no se ha mesado los cabellos al saber que va a emigrar. Lo que resulta realmente sorprendente es que Miguel Ángel Gil Marín aceptara un contrato en el que la clausula de rescisión bajaba casi cien millones de un verano al siguiente. En el Camp Nou hay grandes reticencias sobre su supuesto fichaje. Las maniobras de la pasada temporada no dejaron buen ambiente a su contratación.

Posdata. Hubo opiniones que reclamaron que Luis Enrique hiciera titular de la selección a Kepa, que acaba de protagonizar un gran campaña en el Chelsea. De Gea no tenía muchos defensores. El futuro era Kepa y Luis Enrique empieza a tenerlo en cuenta.