Con Zidane, peor

Con Lopetegui, mal. Con Solari, tampoco. Con Zidane,  peor. El francés, sin embargo, ha enviado un mensaje para barcos pesqueros y navegación de cabotaje. Ha dicho que si no hace lo que quiere, se va. Entiendo que Zidane se pida máxima autoridad aunque los datos están demostrando que tal vez no la merece del todo. Con él siempre se recurre al pasado. El entrenador madridista vive de las tres copas de Europa. No cuenta que el Barça, en la Liga, le ha dado más que un repaso.

El Madrid fue despedido del Bernabéu con pitos y chuflas porque perdió con el Betis. Se fue otra vez con las orejas gachas a pesar de que el entrenador está haciendo pruebas constantemente para mejorar el panorama y no acaba de encontrar la fórmula. Da la impresión de que dispara sin apuntar.

La misión de Zidane era levantar al equipo. Recuperar la fe en la victoria y bajo su mandato las cifras han sido decepcionantes. En once partidos que ha dirigido ha ganado en cinco ocasiones, ha perdido en cuatro y ha logrado dos empates. Con estas cifras en otros momentos le habrían dado la boleta. En el Madrid ha enviado a su casa a entrenadores con títulos en las manos. Heynckes, por ejemplo, no renovó el contrato a pesar de que había ganado la Liga de Campeones.

La gente se fue del Bernabéu muy desilusionada .Ni los muy turiferarios pueden aguantar la mínima conversación sobre lo que ha sido su equipo.  En los últimos años con las victorias apabullantes del Barça ha habido quien ha lanzado al mercado la idea de que se ha vivido una Liga aburrida. Este año ha ocurrido ya. De nuevo vende el mensaje de que la Liga casi no ha merecido la pena, no ha tenido grandes emociones, no hay mucho que recordar. Tal vez tengan razón quienes ven el panorama a su manera. Lo incontestable es el hecho de que entre el Barça y el Madrid ha habido, finalmente, la diferencia de diecinueve puntos dato que puede justificar el aburrimiento. El que han padecido los socios del Madrid con tres entrenadores que no han sabido llevar a las figuras de la plantilla a metas más elevadas.

Posdata. El Valencia se especializó en empates y durante un tiempo estuvo más cerca de los lugares del descenso que de la Liga de Campeones. No echaron a Marcelino y el premio ha sido el cuarto puesto.