Griezmann no es de fiar

Antoine Griezmann comenzó a perder la distancia de los hechos en el momento en que fue bautizado como “El Principito”. En el Atlético, muy mimado, muy apreciado deportiva y económicamente, fomentó el ego que le llegó a compararse con Messi y Cristiano. Su crecimiento futbolístico, que fue a más desde los años en que apareció en la Real Sociedad, le hizo suponer que no tenía metas que no se marcara cada año. En la temporada pasada jugó con los dirigentes atléticos y más aun con los azulgrana. A los primeros les sacó el contrato de su vida y a los segundos les tocó en su estima porque se toparon con que había quien los menospreciaba.

Al Atletico le sacó un contrato que resulta casi incompresible que lo aceptaran. Les hizo firmar un compromiso mediante el cual su cláusula de rescisión bajaba a 120 millones a partir del próximo primero de julio. Era un trágala que permita al jugador, llegado el momento, prescindir de su compromiso.

Griezmann ha sido un gran jugador en el terreno de juego, pero moralmente no aguanta un examen. Esta vez no ha estado tonteando hasta el final de la película. Ahora, se ha adelantado a los acontecimientos y ha confesado cual es su deseo. No ha tenido empacho en afirmar que se va, que haya una entidad que pagara los 120 millones y se marchará. Ha dicho parte de la verdad. El lugar en el que jugará la próxima temporada era hasta ayer tarde una incógnita.

Los indicios llevaban a creer que nuevamente estaba el Barça detrás de la operación. En el club catalán no han dicho nada a favor o en contra de la misma. Las maniobras del jugador son ardides de tal condición que ya se manejan posibilidades de una salida condicionada. Sería auténtico escándalo que su partida sirviera para una carambola en la que estuvieran involucrados un par de clubes que ahora no están en boca de nadie.

Griezmann empieza a ser individuo del que se puede sospechar cualquier tipo de tropelías morales. Futbolísticamente merece gran consideración, pero éticamente no aguanta el menor examen. En el Metropolitano se ha ganado la animadversión para siempre. En el Camp Nou, si fuera su destino, tendría que marcar muchos goles ante de recibir el aplauso general.

Posdata. Griezmann necesita la bendición de Messi para jugar en el Barça. Y aceptar segundo plano en la pelicula.