Zidane, sublime decisión

No hay nada más socorrido que anunciar la contratación de los grandes expresos europeos para mitigar el dolor de las grandes decepciones. Es, sin embargo, menos doloroso despedir a quienes lo solicitan que echar de casa a los que quieren continuar en ella. El Atlético ha despedido a Godin, que se ha querido marchar porque le han ofrecido el contrato de su vida, de la que como mucho le quedan dos temporadas, con toda clase de lisonjas. Para Juanfran y Filipe Luiz no habrá ni aplausos ni pesares.

En el Madrid ya han anunciado el despido de Keylor Navas, el hombre que ayudó a Zidane a conquistar tres copas de Europa. Se tenía por cierto que el costarricense era el guardameta preferido por el entrenador. Queda para la posteridad la creencia de que el entrenador ha tenido que doblegarse ante las peticiones de la directiva. Hicieron gran inversión con el fichaje de Courtois y prefieren rentabilizarlo antes que exponerle a que Navas demuestre que no era imprescindible su contratación.

El despido de Keylor, presumiblemente, dejará unos euros en caja, salvo que acaben dándole la boleta gratis por los servicios prestados, lo que no parece probable porque hay que ingresar para poder gastar. El asunto tiene una contrapartida que pesará sobre Luca Zidane, el hijo del entrenador que pasa a ser segundo portero. Sobre éste caerá la sombra de su padre y por mucho que se esfuerce acabará sufriendo el denuesto de que se ha convertido en paniaguado. El muchacho hará cuanto pueda para demostrar que cuenta con sobrados méritos para que no se cargue sobre él la decisión del padre que acabará siendo “papá” que es el modo de ningunear a quienes se les considera con pocos méritos para tener el papel del que va a disponer.

Y en este capitulo del serial poscampaña también está el Barça. La mitad del equipo está cuestionado. Ganar la Liga de modo tan seguido es producto de los evidentes méritos aportados cada semana. Cuando llegan momentos tan lamentables como el de la eliminación ante el Liverpool, ya no hay teoría que se tenga en pie. En el club deben comenzar a pensar si la idea del juego tiquitaca se puede mantener. Sobre todo cuando se tropieza con equipos como el Liverpool que corren en otra marcha.

Posdata. Ya calienta el serial de Griezmann. El chico no ceja en su empeño de marear la perdiz. A los mejor acaba saliéndose con la suya.