De esta no se salva ni Messi

La derrota y consiguiente eliminación sufrida por el Barcelona en Liverpool no ha dejado indemne a nadie. Del desastre no hay salvados. Ni siquiera Messi que de genio e idolatrado jugador ha pasado a sembrar la duda de qué le ocurre en ocasiones cuando lo que se disputa es transcendental. Una semana después de haber sido catalogado como nadie lo había sido jamás empieza a cargar con la sospecha de que en el Barça le ha sucedido como en la selección argentina en la que tampoco está por encima del bien y del mal cuando está en disputa un partido importante. Las derrotas tan infamantes como la padecida por los barcelonistas tienen consecuencias impensables. Una eliminación tan funesta como fue la de Roma se indemnizó con resultados en las competiciones nacionales. Hogaño va a ser mucho más difícil echar sobre la profunda herida antibiótico que la cauterice. En esta ocasión la herida creará gangrena y de ella habrá pocos que se libren.

Messi está el primero de la lista y tras él hay jugadores que tendrán que purgar sus pecados. Falló Jordi Alba, no estuvo tan eficaz como otras veces Piqué, Busquets está para tener descanso físico y mental, Rakitic parece prescindible. A Luis Suárez, que es ejemplo de ramplonería futbolística pese a que marca goles, ejemplo de torpeza y permanente bronca con los árbitros y burdo con el balón en los pies no hay quien lo salve y Coutinho es el mayor de los fracasos de los técnicos del club que se empeñaron en su contratación, Dembelé es la gran incógnita por sus debilidades musculares y no habrá otro remedio que concederle prórroga, pero hay fichajes como el de Malcom que alguien tendrá que explicar porque él no lo hace en el campo. Boateng y Murillo fueron dos contratos de urgencia que no han demostrado servir para cubrir contingencias.

En el Barça se salva Ter Stegen, que tampoco tuvo mucha visión en Anfield, pero su trayectoria lo avala. Arthur es el mejor centrocampista dato del que no parece participar el entrenador, Y Vidal es duro fajador y por ahí se puede salvar, aunque está muy lejos del estilo que se ha pretendido implantar en el Camp Nou.

El Barça demostró que es un jugador, que no tiene equipo. Cuando su salvador no aparece no resiste embates como el de Liverpool.

Posdata. Valverde, el entrenador, no debió ver lo ocurrido en el partido de ida. No le sirvió para rectificar en Anfield.