Más goles que buen fútbol

El triunfo del Barcelona por 1-0 habría sido resultado generoso. Por 3-0, inexplicable. El equipo barcelonés marcó goles antes que jugar al fútbol. Batió a Allison cuando más inferioridad mostraba en el juego. Dos tantos de Messi remataron la función que había empezado con Suárez. Nunca el equipo catalán había mostrado tanta inferioridad. Nunca dominó. Se levantó en momentos esporádicos. Y el juego característico de la casa fue el que exhibió el Liverpool. Perdió la pelota desde el comienzo y únicamente la poseyó en momentos casi inesperados. Perdió más balones que nunca y dejó el orden del fútbol en los pies de los visitantes. Por el fútbol desplegado no se ganó la catalogación de serio aspirante al triunfo final. Con su capacidad goleadora y las intervenciones casi milagrosas de Messi está en las apuestas. El tercer tanto de libre directo fue para justificar que la Generalitat le haya distinguido con la medalla que más desean los catalanes.

Los partidos como el que disputaron Barcelona y Liverpool  es el ideal para los espectadores neutrales. Cuando se pone la ilusión en uno de ellos se sufre y se agita el corazón porque sin querer se siguen las jugadas como si se estuviera corriendo en el césped y ello lleva consigo casi tanto cansancio como el que acumulan los futbolistas. Barça y Liverpool salieron al terreno de juego con el mismo espíritu con el que los atletas tratan de conseguir marcas en cualquiera de las carreras. No hubo reposo desde que comenzó el partido y no hubo superioridad en ninguna de las dos áreas porque en ambas se corrieron peligros y se creó emoción de gol.

El entrenador alemán del equipo inglés conoce perfectamente las virtudes barcelonistas y ordenó a los suyos la mejor fórmula para tratar de equilibrar primero y mostrar superioridad después. En el arranque del encuentro la pelota fue inglesa. Valverde que prefirió a Coutinho a Dembelé para tener más presencia en la creación de juego dejo en al banquillo a Arthur, artista en la zona central y alineó a Arturo Vidal estajanovista que se multiplica, pero que no coincide el futbol a la manera azulgrana.

Salah volvió locos primero a Alba y después a Lenglet y con ello los apuros ante Ter Stegen fueron más de los esperados. La alta presión inglesa impidió a los barcelonistas salir de su campo con la pelota controlada. Un momento esperanzador fue el remate de Rakitic en ocasión clara de gol. Llegó cuando todo estaba en manos de los adversarios.

El guión de la película cambió cuando Jordi Alba recuperó su rapidez por la banda izquierda y Messi lo buscó como suele. La lesión de Keita, que había contribuido a que el centro del campo superara al del anfitrión, facilitó las mejores subidas hacia el área de Allison, guardameta con equipaje color fucsia que no pudo evitar que la mejor jugada azulgrana con Coutinho, Alba y remate de Suárez rompiera lo que parecía encuentro condenado como mucho a tablas. El gol subió las pulsaciones barcelonistas aunque Mané tuvo en sus botas un gol y mandó el balón muy por encima del larguero.

La segunda parte tuvo el mismo signo. Mejor juego, más posesión y presión por parte del Liverpool y dos acciones sorprendentes del Barça que con ello pudo salir camino de Liverpool con una buena receta para seguir siendo aspirante a la conquista de la Liga de Campeones. En plena euforia los barcelonistas dispusieron de un par de ocasiones más para llegar al final con goleada apabullante. Cono dijo Boskov:“fútbol es fútbol”.