Quique Setién, en el alambre

El Betis tiene una de las aficiones más leales y al tiempo más sensibles del panorama futbolístico español. Lo comenzó a hacer grande un torero, Ignacio Sánchez Mejías, y escaló hacia la fama con un conjunto en el que brillaban varios jugadores vascos algunos de los cuales pararon en el exilio. La propia frase que define a sus seguidores, el “manque pierda” ya es razón suficiente para considerar a la parroquia como elemento singular dentro del panorama nacional.

Antonio Hernández, que en su deliciosa obra “La marcha verde” narra la emotiva historia de un padre que pide a sus hijos a la hora de la muerte que lo hagan socio del Sevilla, para que no se muera un bético, recoge aquellos momentos en que el beticismo tuvo que deambular por Tercera para recuperar categoría que no espíritu porque este nunca despareció. Ni siquiera lo borraron tras la Guerra Civil cuando algunos de sus jugadores pasaron por la cárcel contrariamente a lo que vivieron los sevillistas que fueron enchufados durante la contienda en la base de Tablada. Toda la historia bética está plagada de acontecimientos en los que se va del infierno a la gloria. La última, la victoria apabullante en el Sánchez Pizjuan cuando Joaquín afirmó que tras el partido nadie se podía ir a la cama.

Los béticos aspiraban esta temporada a resultados que recuperen emociones. El equipo fue apuntalado con la incorporación de varios jugadores de categoría contrastada. Quique Setién es entrenador del que cabe esperar grandes innovaciones y la practica del fútbol que más puedan entusiasmar en Heliópolis. Probablemente con la plantilla actual ningún entrenador mejoraría el trabajo de Setién. Sin embargo, éste no parece encajar en el espíritu de la casa. Tengo la impresión de que gustan menos sus formas, sus declaraciones, sus actitudes personales, que su labor profesional. Sucede que a estas dudas se han unido resultados insatisfactorios y de ahí que la grada haya gritado a coro el vete ya.

Quique no salió bendecido de Las Palmas y podría suceder que tampoco tuviera final feliz en el Betis. No parece probable que a falta de cinco jornadas le den la boleta. El futuro si es incierto.

Posdata. Van der Poel ha vuelto a ganar una carrera importante. Está dejando en mal lugar a su abuelo Poulidor. No se conforma con ser segundo.