Hay muchos culpables

La historia es luz de la verdad. En el caso del Real Madrid no es cuestión de reducir sus males a los hechos más recientes. El análisis de sus problemas hay que estudiarlos desde sus comienzos.

El traspaso de Cristiano no se solventó con el fichaje de jugador que los supliera. Fue error considerar que su ausencia potenciaría a los compañeros que habían estado en segundo plano. No ha sucedido.

Fichar a Lopetegui en pleno Mundial fue error mayúsculo porque desembocó en el nacimiento de toda clase de dudas cuyo final fue la destitución del mismo.

El ascenso de Solari, que ni siquiera había sido meritorio al lado de gran entrenador como hizo Zidane antes de tomar el mando, no fue lo más adecuado porque el equipo precisaba alguien con auténtico mando y claridad en su futuro y el del conjunto. El Madrid necesitaba una estrella para que las del vestuario no osaran desmandarse. Zidane se fue porque aventuraba parte de los males actuales.

El equipo no está bien preparado físicamente como se observa partido tras partido. ¿Son lógicas tantas lesiones musculares? La defensa no tiene la fortaleza de otros tiempos, el centro del campo ha decaído y los delanteros tienen pocas oportunidades para el gol.

Solari no ha sido capaz de dejar en el banquillo a quienes más descanso necesitaban. Solamente, y a pequeñas dosis, lo ha hecho con Bale. A Marcelo da la impresión de que lo ha hecho culpable de los defectos de la zaga.

Solari ha prescindido de las buenas condiciones de los mejores futbolistas como Isco, Asensio y Ceballos. En los partidos importantes ha preferido seguir con jugadores en baja como Casemiro y Kroos.

La gilipollez de Sergio Ramos de forzar la tarjeta para que pudiera descansar en partido contra el Ajax, que se consideraba pan comido, ha tenido funestas consecuencias. Culpable quien se lo recomendó y prepotente él que dedicó la derrota frente al Ajax a grabar un reportaje en su palco privado del Bernabéu.

El equipo necesita recomposición, pero también hay que preguntarse cuántos clubes poseen en sus nóminas los nombres de futbolistas a los que ahora se quiere liquidar. Todos no están para el despido. En el club hay calidad suficiente para enderezar el rumbo con retoques importantes. Y precisa más de un traspaso para cortar influencias malignas en el vestuario.

Posdata. No es cuestión de fichajes deslumbrantes sino de profesionales que pongan cimientos en las zonas más endebles. Más que estrellas, grandes jugadores de club.