La Copa siempre tiene morbo

La Copa tiene el aliciente morboso de ver a un equipo grande eliminado por uno inferior. Ni siquiera en casos como el de la caída del Atlético de Madrid en que el adversario era de la misma categoría hay excepción. Entre la historia y el presente del Atlético y el Girona existe más de un escalón. Perder el paso en casa con un empate es más que una bofetada. Del partido se pueden hacer diversas consideraciones. La primera es la teoría de que se puede alinear a un portero para Liga y los grandes expresos europeos y otro en Copa. Si existe un puesto que no admite pruebas por la especialización es la de guardameta. El Atlético murmurará durante muchos días el error de dejar a Oblak en la suplencia. Lo ocurrido contra el Girona ha sido tan decepcionante como en su día lo fue perder con el Basconia o la eliminatoria del Madrid con el Alcorcón.

El Madrid pasó el trance al eliminar al Leganés, mas el resultado fue tan pobre y la actuación del equipo tan mediocre que en las filas madridistas ha habido casi tanta decepción como entre las colchoneras a pesar de salvar el escollo.

La Copa está ya en lo que podríamos denominar la parte seria del espectáculo. De ahora en adelante todo es fiesta mayor. El único equipo de Segunda que quedaba en liza, el Sporting, fue eliminado por el Valencia que también estuvo cerca del ridículo durante medio partido. Lo arregló en la segunda parte.

Lo más significativo es el panorama madridista. Empieza a ser preocupante que el entrenador se incline por nuevos en la plaza. En momentos de crisis cargar la responsabilidad sobre los recién llegados no es de recibo. Quienes han de revolver los problemas son los hombres sobre los que recaen las mejores transferencias bancarias. Tal vez algunos de los ídolos madridistas están para el pase a las clases pasivas.

Posdata. Solari está cambiando la alineación aunque da la impresión de que no tiene claro para qué.