El fútbol español combate a los violentos

Hubo un tiempo en que en algunos clubes se protegió a los ultras. En el Madrid, los Ultrasur llegaron a tener su propia habitación dentro del estadio en la que guardaban sus banderas y utensilios que a veces servían  para las peleas. En el Barça, antes que los Boixos Nois, brillaron como guardia pretoriana de Josep Luís Núñez “Los Morenos” así denominados porque eran desempleados que curtían su tez en el sol de los entrenamientos. No ha habido club con cierta trascendencia que no haya padecido esos grupos. Algunos eran beneficiados por ser “los animadores”.

En España, a pesar de haber vivido actos tan lamentables como el asesinato del un seguidor donostiarra en los alrededores del Vicente Calderón, y la batalla campal también en los aledaños de este campo, con muerte de un seguidor del Deportivo, las medidas tomadas en la mayoría de los clubes han logrado fuerte descenso en la violencia. En el Barça, Joan Laporta se las tuvo tiesas con los Boixos Nois y aunque se topó con pintadas amenazadoras en su casa, logró cambiar con sus felonías. Lo mismo sucedió en el Bernabéu. Florentino Pérez no consintió la estancia de ultrasureños en los graderíos y les cortó de raíz las prebendas de que gozaban. Al jefe más famoso de la banda lo acabaron colocando de jardinero en el Hospital de San Rafael. Florentino los sacó del Bernabéu y les negó todo patrocinio para sus viajes.

La mayoría de las entidades han mantenido a raya a quienes ensucian la imagen del deporte, la de los clubes y lo que es peor, la de las ciudades donde tienen sus sedes. Con todo, pese a las actitudes lamentables de algunos momentos y especialmente cuando se citan para pelear con aficiones de equipos extranjeros, lo que sucede aquí no es comparable con lo que ocurre en Argentina.

River y Boca llegan a Madrid a disputar la final de la Copa de Libertadores porque en su país ya no pueden enfrentarse en noble lid. Las “Barras Bravas” son grupos de individuos que chantajean económicamente a los clubes y futbolistas. Son grupos mafiosos cuya violencia vas más allá de una paliza. Enfrentarse a estas gentes requiere contar con policías bien armados. Son guerras en las que las pistolas salen a relucir y la cuenta final de cada temporada está en el número de fallecidos y hospitalizados. Al fútbol de las “Barras Bravas” tal vez podría aplicarse, como se hizo con los clubes ingleses en Europa: la prohibición de participar en torneos internacionales.

Aquí en Madrid ha sido necesario montar un operativo propio de amenaza de terrorismo. Será mejor no asomarse por zonas donde circulen individuos que están manchando el nombre de su país.

Posdata. En el Madrid han vuelto a brillar jugadores de la casa. En el Barça, el futuro es el jovencito Riqui Puig. Las canteras aún rinden.