Dembelé e Isco, casos diferentes

Dembelé fue protagonista principal la pasada semana. En el Barcelona contaron parte de sus irregularidades personales y ello acabó con su suplencia. Y más que suplencia, descartado para la convocatoria. de Valverde. Había hecho goles interesantes e importantes, pero sus maneras de vivir no gustaban a la directiva ni al entrenador.

Dembelé tenía a su favor las opiniones de los compañeros de equipo. Se le consideraba joven, inmaduro, poco adaptado a la vida barcelonesa y menos aún a los sistemas y métodos del club. Y además, con problemas con el idioma. En general se le salvaba. Se opinaba que necesitaba ayuda y comprensión. En algunos momentos se llegó a plantear en los medios informativos la posibilidad de su traspaso, lo que habría sido operación económicamente desastrosa. Su fichaje. que costó por encima de los cien millones de euros, casi obligaba a mantenerlo en la plantilla y aguardar mejor oportunidad para el traspaso. En esos momentos estaba tan devaluado que era casi imposible que algún club se decidiera a contratar a quien había ido del infinito al cero.

Alguien tuvo la suficiente serenidad y claridad mental para decidir que merecía una oportunidad. Valverde, que aún cree en él, como sus compañeros, lo alineó contra la Roma en el Olímpico de la capital italiana y, como en otras ocasiones intentó el gol en jugadas que denotan su gran personalidad. No hizo la diana providencial como otras veces, pero si potenció su juego participando en la jugada que posibilitó el gol de Messi que puso el partido de cara. Dembelé dejó constancia de que merece apoyo, que es diamante en bruto y del que hay que acabar obteniendo gran rendimiento. Dembelé seguirá teniendo el placet de sus compañeros. Le ayudarán y, probablemente, acabará respondiendo deportivamente a lo que de él se esperaba cuando se le contrató.

Esta semana, en Madrid, el protagonista es Isco. Es jugador extraordinario al que todos desearíamos en nuestro equipo, pero nunca ha gozado de la debida consideración por parte de los entrenadores del Real Madrid. Con ninguno ha tenido imagen de titular. Siempre ha tenido dificultades y da la impresión de que las opiniones de los entrenadores, salvo Julen Lopetegui, coinciden con las de las altas esferas de la entidad. Ningún técnico ha tenido coraje suficiente para sentar a Bale que ha tenido largas etapas de mediocridad. Tampoco nadie sentó a Benzema en los momentos en que deambuló sin rumbo. Todos los preparadores del Madrid parece que han tenido claro que si hay que sentar a alguien, el primero, Isco. Sorprende que éste no tenga el apoyo de sus compañeros. Su caso debe ser bastante diferente el de Dembelé.

Posdata. Es habitual mentar a un equipo como el de su entrenador. Nadie se refiere al Sevilla diciendo que es el de Machín. Pero es el líder.