Caló el mensaje de Solari

Santiago Hernán Solari hizo de Cicerón en las vísperas del viaje a Roma. Lanzó sobre sus jugadores auténtica Catilinaria. Ya en el estadio olímpico romano los seguidores madridistas recitaron la más famosa de la catilinarias: ¿Hasta cuándo acabarás con nuestra paciencia? No hubo manera de que el equipo mostrara las mínimas garantías que debe premiar al conjunto que en los últimos tres años ha sido campeón europeo y a lo grande. Que perdiera de manera tan humillante en Éibar ya no podía extrañar a nadie. Había perdido hasta el espíritu que siempre se le adjudicaba para Europa. Hasta en los momentos menos felices se levantaba. En Roma lo hizo en el segundo tiempo. El recurso a la testosterona que reclamó Solari dio sus frutos. Ganó en Roma, se clasificó y primero de grupo. En cuarenta y cinco minutos cambió el panorama. Bale fue hallado en Roma. Marcó el primer gol y se dejó ver más que en otros partidos. Lucas aprovechó la mejor oportunidad y remató el triunfo. Otro Madrid.

Solari varió la alineación de modo inesperado. Que deje en el graderío a Isco no es noticia porque desde que se hizo con el mando lo ha tenido medio marginado. Recurrió a Lucas Vázquez para buscar las jugadas de ataque que éste protagonizaba antaño cuando hasta el quipo B enardecía en el Bernabéu. La gran sorpresa fue contar con Marcos Llorente para suplir a Casemiro. Casi fue debutante por lo que jugó hasta ahora. Sustituir a Casemiro no es fácil. Éste se faja en el dentro del campo cubriendo mucho espacio y, sobre todo, evitando que los delanteros lleguen libres a la jurisdicción de Sergio Ramos. Lo de este chico empieza a ser preocupante. Está tan obsesionado por marcar goles que, naturalmente, deja agujeros en su zona. Hasta ahora con esos remates en saques de esquina se ha justificado y tapado los muchos errores que comete en sus auténtica labor.

El Madrid se fue al vestuario con el cero en su casillero porque Under mandó el balón casi desde debajo del larguero al Coliseo. Fue la ocasión más clara de su equipo que ya había tenido varias. En el equipo madrileño el único que se animó a tirar al marco de Olsen fue Modric. Lo hizo dos veces desde fuera del área y fue lo único que aportó su equipo a lo que debía ser noble lid.

El conjunto que se retiró casi desnortado apareció en la reanudación con otro espíritu. En el primer suspiro llegó el gol de Bale y a partir de ese momento cambió la imagen del conjunto madrileño. Lo que pareció detestable se transformó en juego estimable El Madrid no juega de manera que responda a un mínimo estilo, pero aún posee fortaleza para cambiar. Lo que le falta es mayor deseo de victoria y más sacrificio general.