Valverde y Lopetegui, en la picota

Decir que los ricos también lloran es recurrir a un tópico que en el caso del fútbol no da razón. Quienes lloran no son los futbolistas, sino los socios, los aficionados que suspiran por los éxitos de los suyos y que padecen y sufren con las derrotas que consideran como propias, como si fueran defecto familiar. Que el Barça hiciera el ridículo en Leganés, equipo que está en la lista de los calificados para el descenso, no tiene justificación. Que el Madrid fuera apaleado en Sevilla y sobre el modo en que lo fue, no entra en ningún presupuesto. Las dos derrotas no tienen justificación. Más la del conjunto barcelonés. A fin de cuentas, el Sevilla es conjunto del que se pueden esperar resultados favorables. Es más difícil empatar en el Sánchez Pizjuán que ganar en Butarque.

Lo ocurrido en el campo del Leganés como primer culpable figura el entrenador. Se le ocurrió montar una alineación más que original porque colocar a un central, Vermealen, en el lateral izquierdo, lugar por el que con Jordi Alba surgen la mayor parte de los peligros en el área contraria, fue más que una ocurrencia. A Valverde se le olvidó la noción de que los partidos hay que ganarlos con el equipo titular y después dar entrada a suplentes o jugadores que han de confirmar su calidad.

A Lopetegui le mojaron la oreja a pesar de que contó con los titulares y a estos los fue cambiando a medida que le fueron acuciando las urgencias. A los madridistas les faltó espíritu y de ello hubo quejas al final del encuentro. Da la impresión de que al entrenador no le acaban de convencer sus propias ideas. En el Barça habrá más paciencia con Valverde porque en la pasada temporada llevó adelante una Liga sin tropiezos hasta el final cuando todo estaba resuello. Lopetegui aún no tiene ganado el aplauso de la grada. Sobre él va a pesar la sombra de Zidane.

Posdata. En televisión existe la costumbre de colocar comentaristas vascos para partidos de equipos vascos. Sus querencias no se transforman en victorias. Ni en San Mamés.