El Madrid sin Cristiano es más equipo

A rey muerto rey puesto. Tal parece que empieza a suceder en el Real Madrid solo que en esta ocasión no hay personaje que supla a otro. Se trata de que a Cristiano le está sustituyendo y con ventaja, el equipo. Hay otra alegría en el juego existe otro tipo de solidaridad. No hay obligación de buscar al portugués para que éste se luzca. Ya no está y consecuentemente no existe la obligación de darle el balón. Ahora, cada jugador tiene su propia responsabilidad y puede disponer de sus recursos sin pensar que los ha de poner al servicio de Cristiano.

En el conjunto, pese a que Lopetegui no ha echado mano de otros futbolistas que los conocidos y no ha cambiado ningún método nuevo, ha bastado con que todos se hayan sentido libres de sometimientos para que no se haya perdido un ápice de la tradición europea como se demostró frente a la Roma.

Al entrenador no ha habido que insinuarle que la obediencia debida se ha de mantener ante ciertos jugadores, es decir, ante quienes gozan del aprecio del club desde hace tiempo. Benzema siempre ha gozado de la benevolencia de la presidencia y de ahí que en los momentos menos bonancibles y con cierta parte de la grada en contra se le haya mantenido. Ya viaja solo.

Lopetegui sabe que ha de respetar a Courtois porque es el fichaje del año, pero ha de mantener el entendimiento en el vestuario sin menospreciar a Keylor Navas. Éste en el primer partido europeo ha vuelto a demostrar que si alguien podía seguir sin nadie que le pusiera las peras al cuarto era él.

Una diferencia importante está en la posibilidad de alinear a jugadores de prestancia como Isco, Asensio y Ceballos que con la BBC apenas tenían hueco. Lopetegui quería fichar a Rodrigo jugador del Valencia que le gusta y por ello lo llevó a la selección, pero el valencianista no tiene “glamour” para el Bernabéu. Le pasa lo mismo que a Keylor, que tampoco es vendedor de camisetas. La solución Mariano no era la mejor, pero podría suceder que lo fuera. A Lopetegui le costó darle presencia en el equipo. Su debú no pudo ser más sorprendente. Tardó un santiamén para marcar su primer gol. Y encima, de manera extraordinaria. El olvido del portugués está cerca.

Posdata. Griezmann se ha metido en un charco. Todavía no tiene cubierto en la mesa de Messi y Cristiano. Se ha engreído demasiado pronto.