El Girona-Barça es político

Javier Tebas se ha tomado la libertad de tomar decisiones que no son propias de la Liga de Fútbol Profesional. Sus decisiones no afectan únicamente al fútbol. Disputar partidos de la competición española en Estados Unidos no es cuestión estrictamente deportiva. Cualquiera que sean los equipos que hayan de disputar tales encuentros es preciso que todos los estamentos concernidos acepten el viaje. En primer lugar, la propia Liga de Fútbol Profesional. Consecuentemente, la Federación Española de Fútbol y naturalmente, el Consejo Superior de Deportes, entidad que forma parte de un ministerio. La decisión última ha de ser política. Las aventuras en el extranjero no dependen únicamente de una organización futbolística. Y más cuando los clubes a que se cita para Miami pueden ser motivo de manifestaciones relacionadas con cuestiones independentistas.

Al margen de esta cuestión hay que sopesar los problemas que en este tipo de viajes afectan a los futbolistas. No es de extrañar que la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) esté en contra de contrato tan peculiar. Es previsible que las autoridades españolas, el Consejo Superior de Deportes, se tienten la ropa por las muchas cuestiones que afectan a este tipo de espectáculos. No gusta este contrato a la FIFA. No satisface a las grandes organizaciones balompédicas internacionales que torneos nacionales alcancen trascendencia fuera de su ámbito nacional.

Da la sensación de que el señor Tebas pretende lanzar al mercado mundial su propia figura. Quiere alcanzar trascendencia entre los dirigentes. Da la impresión de que le importan una higa las consecuencias que se puedan derivar de ese contrato tan singular que ha firmado para quince años.

El montaje del Girona-Barcelona exige transparencia y tengo la impresión de que ello es imposible. Lo tramado por Tebas es auténtico arcano.

Posdata. La selección ha amortiguado la permanente presencia de Madrid y Barça. Luis Enrique, de momento, tiene mérito.