Luis Enrique, ídolo inesperado

He visto los partidos de la selección española desde abril de 1963, (España, 2; Escocia, 6) con José Villalonga al mando, lo que quiere decir que he conocido a todos los seleccionadores españoles desde entonces y nunca se había producido el hecho de que el público de un estadio cantara a coro el nombre del técnico. Y para bien. Lo ocurrido en Elche con Luis Enrique habría entrado en aquello de que lo que no puede ser no puede ser y además es imposible.

Luis Aragonés, creador de la selección campeona de Europa únicamente tenía, y aún tiene, recuerdos corales en el Calderón y con el Atlético. Vicente del Bosque, campeón europeo y mundial es marqués, pero no fue ídolo en los estadios con tal prontitud. A Luis Enrique le han bastado dos partidos para que su figura, contestada desde el comienzo, puesta en duda por ciertas actitudes con los medios informativos, para ser el seleccionador ídolo.

El equipo nacional, sin figuras que han sido la imagen del último decenio, ha cambiado de aspecto aunque aún conserve algún jugador de buenos tiempos como Sergio Ramos. Ganar en Londres y apabullar a Croacia ha sido acontecimiento probablemente inesperado. Después de lo sucedido en Rusia era casi improbable que se volviera a la senda de la victoria.

Luis Enrique ha tenido poco tiempo para dirigir a los seleccionados y hasta ha tomado alguna decisión que no ha gustado. Sin embargo, se ha creado nuevo espíritu. Los futbolistas, con escasa preparación por la prontitud de la temporada, han puesto en el campo un deseo de triunfo que se había perdido. Juegan con más ímpetu, tratan de manejar el balón más que el contrario, pero lo hacen con más rapidez y verticalidad cuando se trata de llegar al área contraria.

Los aficionados españoles están descubriendo a jugadores de los que se tenía conocimiento por su presencia en sus clubes. Hay menos jugones, pero más estajanovistas. Hay menos excelencias, pero más efectividad. El fútbol del equipo de Luis Enrique no ha perdido parte de lo que fue la esencia, pero ha aportado la mezcla de estilos suficientes para que veamos espectáculo diferente, más emotivo. Ha roto el empalago de tanto pase horizontal con largas secuencias hasta encontrar el remate. Seis goles no se marcan con largas elaboraciones. El público lo agradeció con el inesperado y sorprendente coro. Lo nunca visto.

Posdata. El partido en Miami entre Barça y Girona no lo ha programado Puigdemont. Quizá Torra.