El toque no es dogma de fe

A Luis Enrique tardaron en bendecirle en Barcelona. Acostumbrados al juego de los Xavi, Iniesta y Messi, es decir, el juego de toque, el mismo que llevó a ganar dos Eurocopas y un Mundial a la selección española, se consideraba herejía que el entrenador osara cambiar el estilo. Era dogma de fe. Como también lo ha sido durante un tiempo para el equipo nacional. Luis Enrique trató de acomodar la fórmula a los jugadores que dirigía y convencido de que nada podía ser igual, trató de imponer algunas modificaciones. Solo las victorias le dieron la absolución a los cambios que trató de imponer. Con la selección habrá que concederle el beneficio de la duda. Sobre todo, si aceptamos que el equipo del que ahora dispone se parece poco al de los años gloriosos. Conviene recordar que en los tiempos más inmediatos con la pretensión de seguir la ruta anterior nos topamos con accidentes notorios.

La selección, que venció en Wembley, tiene escaso parecido con la que se añora. Son muy distintos los futbolistas que la componen y de ahí que lo prudente es aceptar que el seleccionador disponga de la libertad suficiente para explotar más eficazmente las condiciones de los seleccionados.

En Londres hubo claro intento de dominar el balón lo que siempre suele ser productivo. No obstante, la posesión no se llevaba al extremo de manosear el balón sin avanzar metros hacia la portería contraria. El juego desarrollado tuvo poso tradicional, pero también variante más efectiva. Hubo contragolpes, más velocidad en los desplazamientos, más decisión para buscar la espalda de los defensores adversarios. Lo contrario es permitirles que aguarden las llegadas con una línea firme y bien poblada para hacer imposible el paso entre ella en busca del remate. El equipo actuó con alegría, con sacrificio para presionar cuando es preciso y no se aferró al fútbol contemplativo. No creo que Luis Enrique siga apostando por ciertos jugadores porque tienen relevo. Tal vez lo importante fue conceder libertad a Thiago y Saúl para que incluso lleguen al remate. De hecho, el jugador del Atlético fue autor del primer gol a pase de Rodrigo, delantero que no se ciñó a una labor concreta, a ser el delantero centro obsesionado con la búsqueda de lugar en el área contraria ya que, como en el Valencia, buscó presencia con más variantes. Fue uno de los aciertos de la noche.

Posdata. La victoria de la selección, empañada por la lesión de Nadal. Otra vez la rodilla.