Rodrigo no es galáctico

El Valencia que ha cambiado la seda por el percal, a Zaza por Gameiro, aguarda ahora cual va ser el futuro del delantero centro con mayor calidad que tiene en la plantilla: Rodrigo. El Madrid quiere y no quiere al jugador del Valencia. Lo desea Lopetegui que lo conoce desde las selecciones de jóvenes. No convence al club porque no posee la grandeza de un galáctico y Florentino no puede cambiar a Cristiano por un futbolista que puede ser refuerzo pero no estrella. Carece de “glamour”. No tiene imagen de figura madridista.

El Valencia quiere y no quiere. Marcelino lo desea en la plantilla porque no tiene delantero mejor. En el club hay partidarios de que se quede, pero al tiempo hay quienes no verían con malos ojos una venta de las que mejoran la contabilidad. Quienes podrían patrocinar el traspaso no piensan como el entrenador, que quiere protagonizar buen papel en las tres competiciones en que va a participar. Con Rodrigo pueden llegar millones de la Liga de Campeones. Sin él la cuestión es más problemática. Lo que se puede ganar por un lado se puede perder por otro. Más millones por la venta y menos por los resultados. Y estos tienen que ver con la actuación brillante que la afición desea. Hay cuestiones en las que los dineros pintan menos.

Da la impresión de que hay más interés en los medios informativos que en los clubes. Ambos se toman la cuestión con calma. El Madrid tratará de encontrar a la figura que precisa. Sólo en último extremo acudirá a la compra de Rodrigo. Teniendo en cuenta que Mayoral no llena los deseos de entrenador y dirigentes, la aportación de Rodrigo sería una ayuda, más que un parche, pero menos que la solución idónea.

Posdata. Vicente Verdú era maestro en muchas cuestiones. También en fútbol. Su libro “Fútbol, mitos, ritos y símbolos” es libro de cabecera para periodistas deportivos. Al menos lo fue para mí que conocí su gestación y su edición. Con Vicente compartí amistad y múltiples emociones y, entre ellas, las balompédicas. La última vez que lo vi me despedí, pero viendo sus estado no le dije adiós aunque en el rostro lo llevaba marcado.