Los Pirineos, gloria de Bahamontes

Federico Martín Bahamontes ha cumplido noventa años. Han pasado los años de aquel que fue el primer triunfo de un español en el Tour y pese a la gran hazaña de Induráin y las gestas de Perico Delgado, Sastre, Pereiro o Contador, la memoria de los viejos aficionados sigue estando en aquel ciclista bautizado como “El Águila de Toledo”. Eran los tiempos que en los ciclistas españoles únicamente habían aspirado a ser Reyes de la Montaña. Él lo había sido, como Vicente Trueba que también tuvo sobrenombre como “La Pulga de Torrelavega”.

Las cimas montañosas eran durante mucho tiempo la ilusión española, con el solo consuelo que nos había proporcionado Bernardo Ruiz con el tercer puesto de la general, detrás de Fausto Coppi y Constant Ockers. Bahamontes llenó el alma de los aficionados al ciclismo en los montes y, sobre todo, en aquella llegada al Parque de los Príncipes el día de su onomástica, el día de San Federico, la jornada en que todavía había muchos españoles que celebraban la malhadada fecha del 18 de julio. Bahamontes cambió la festividad y hoy, en la etapa reina de los Pirineos, no es ocioso recordarle.

Hoy se suben Aspin, Tourmalet y Aubisque. Todas estas cimas tienen en su historia el nombre del toledano. De aquellos años en que había que oír Radio Montecarlo, le tele llegó después, para conocer los finales de etapa, surgieron los grandes historias de Federico. El helado que se tomó en el Tourmalet obligado a pararse por un pinchazo. Aquella enfermedad que él bautizó como “limaquillo” y que Luis Puig, entonces seleccionador nacional y años después presidente de Unión Ciclista Internacional. Fue el salvador de Perico Delgado al que libró de la expulsión del Tour porque el “probenecide” sería prohibido después del Tour y no durante el mismo como pretendieron los franceses.

Luis Puig llegó a inyectar placebos para combatir el “limaquillo”. El final feliz llegó cuando siguió los consejos de Fausto Coppi. Federico se conformaba con ser Rey de la Montaña. Cuando se convenció de que podía ganar lo hizo. Por delante había reinado, entre otros, Louison Bobet, que ese año, y en un homenaje a Bahamontes, en Castellón, anunció que nunca más correría el Tour.

Luis García Berlanga nunca echó la siesta mientras pudo ver en la tele el Tour. Ahora son otros quienes nos tienen atados a la pantalla, pero en la memoria sigue Federico. Noventa años para que todos lo celebremos. Bahamontes aún es santo al que encomendarnos. Está en nuestra hornacina del pasado.

Posdata. Con Bahamontes los Pirineos ya no nos separaban de Francia como nos enseñaron en las escuelas de la posguerra.