La selección nos tiene en un ¡ay!

Los jugadores de la selección española  empiezan a cargar sobre otros sus deficientes actuaciones en el Mundial. Desde la concentración de Krasnodar se está lanzando al mercado cierta agresividad de los periodistas. Según algunos jugadores se les está tratando inadecuadamente. Entienden que ha habido excesivas críticas a su actuación. No han pedido árnica, que habría sido lo propio, sino que han descargado en los medios informativos responsabilidades que no les corresponden.

A los medios no se les debe pedir que se comporten como forofos. Se puede tener comprensión y apoyar en aquello que merece la pena, pero no es  exigible convertir en palmeros  a quienes tiene la obligación de contar lo más razonablemente posible lo que están viendo. Los futbolistas, que se están quejando de las críticas que han recibido, únicamente tienen presente lo que se dice en los medios. Desconocen el descontento y la desconfianza que han creado en todo el país con sus últimas actuaciones.

Comencé a hacer crónicas de la selección en abril de 1963. Durante tan larga trayectoria he vivido más disgustos que grandes alegrías y siempre he deseado el triunfo porque, incluso egoístamente, siempre resulta mucho más brillante contar una victoria que una derrota. En los mundiales siempre he tenido la sensación de que regresar a casa con la derrota de la selección era casi como volver con la propia.

La selección, hace diez años, bajo el mando de Luis Aragonés ganó la Eurocopa. Aquellos partidos hicieron creer hasta el final en las posibilidades de triunfo. En Suráfrica, donde se comenzó mal, no se llegó a perder la confianza en el equipo. Esta vez se ha continuado en la competición sin que exista euforia. Los antecedentes no son una derrota de las que se puede olvidar. Se hizo cartel de gran conjunto por los partidos de la clasificación y se creó desconfianza contra Suiza y Túnez y los agravantes se acentuaron contra Irán y Marruecos. Estamos en un ¡ay!

Posdata. Nunca había vivido un ambiente tan adverso hacia el portero. De Gea está en deuda. Todos deseamos que la cancele.