Un minuto cambió la historia

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En un minuto, España estaba derrotada por Marruecos y Portugal encabezaba el grupo. En un minuto, Irán empató con Portugal y el VAR le concedió el gol a España marcado de tacón por Yago Aspas. En un minuto, pasamos de la depresión a la media sonrisa. La selección española va de primera, pero ha dejado demasiadas incertidumbres. El juego español es poco convincente. A Rusia llegó con antecedentes penales: contra Suiza y Túnez. En Rusia los incrementó ante Irán, pese a la victoria, y se ganó condena contra Marruecos con la igualada, lograda de manera casi milagrosa.

El estilo no se toca. Es la consigna de la selección española. “Nosotros no somos de músculo” dijo Fernando Hierro en la víspera del partido contra Marruecos. Para confirmar la idea esta vez alineó a Thiago que pertenece a la estirpe de los jugones. Era el planteamiento claro y así comenzó el partido aunque no fue fácil el manejo del balón por dos razones fundamentales: los marroquíes presionaron muy arriba para dificultar el comienzo de la jugada española y se emplearon con excesiva dureza. Marruecos estaba eliminado pero para sus futbolistas el partido final era cuestión de honor.

El honor lo llevaron al extremo. Ciertamente, en los dos encuentros anteriores, contra Portugal e Irán, no les sonrío la fortuna y merecieron mejores resultados, pero tomarse la revancha contra España era reacción tardía. No juegan mal los marroquíes y prueba de ello fueron los dos goles y las dos ocasiones en que pudieron batir a De Gea. En la primera, éste salió sin mucha convicción y, afortunadamente, el balón le dio en el cuerpo. En la segunda, la pelota se estrelló en la cruceta.

La defensa española muy adelantada jugó con demasiados riesgos para las contra del adversario. Además en la segunda claro oportunidad norteafricana la jugada partió de un saque de banda que pilló a los defensores españoles mal colocados. Fue la constatación de aquella teoría de Benito Floro expuesta en una conferencia titulada “La importancia del saque de banda en el juego de ataque”.

Hierro optó por mantener a los considerados más eficientes aunque las fuerzas puedan flaquearles en algún momento, Iniesta, de quien se había dudado por su precariedad física, jugó por la banda izquierda acompasándose con Alba como si estuviera en el Camp Nou. Al defensa solía llegarle el balón largo desde los pies de Piqué. No había tanta peligrosidad por la zona contraria en la que Carvajal y Silva tenían menos acompañamiento. También Isco abundaba en las penetraciones por la izquierda. Las mejores jugadas, el gol de Isco y las varias oportunidades desaprovechadas llegaron por la citada zona.

El problema creció cuando el toque fue excesivamente horizontal. Los pasecitos son demediados previsibles. Cuando este futbol no se practica con velocidad el contrario encuentra grandes ventajas para anularlo. La selección española abusa del fútbol empalagoso. Nos gusta cuando acrecienta el ritmo. Cuando ralentiza todas las acciones es fácil presa para los defensores adversarios.

España pasa y, encima, primera de grupo. Ahora toca jugar contra Rusia. Seguir en la competición dependerá de que alguien se convenza de que la rapidez  es un valor. También hay que tomar en consideración la vulnerabilidad defensiva. A nuestra zaga, muy amiga del ataque, la suelen pillar demasiadas veces desprevenida.

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