Contra Marruecos, vencer y convencer

España se la juega, pero menos. Contra Marruecos tiene la obligación moral de ganar y con ello certificar su pase a octavos de final. Salvo sorpresa, que en este casi sería más que eso, catástrofe, nos las veremos en el siguiente turno con Rusia o Uruguay. Lo previsto. El Mundial ha ido de susto en susto, de sorpresa en sorpresa, mas por el juego que los resultados, y finalmente, todo hace indicar que en la siguiente ronda estarán los mejores. En cada uno de los ocho grupos se han abierto camino, con más o menos dolor, los equipos que han de luchar por el triunfo final.

Ganar a Marruecos no es solo necesidad clasificatoria. La selección española necesita ofrecer un juego más convincente que el mostrado contra Irán. Entre otras razones, debe saber sobreponerse a un sistema de los que impiden los mejores momentos futbolísticos. Vencer es preciso, pero también convencer. Igualmente, en el fútbol, además de ganar es necesario convencer porque para ello, además de las fuerza hay que tener la razón, sentencia unamuniana que se podría adoptar para la teoría futbolística. Don Miguel no fue ajeno al fútbol si tenemos en cuenta que era tío de Pichichi y por él se preocupó para que aprobara las oposiciones al cuerpo  de Correos.

Al margen de las filosofías, Fernando Hierro, según quienes siguen de cerca los entrenamientos de la Roja, va a tomar alguna decisión importante en la confección del once. Va a llamar a rebato con la alineación del joven Asensio del que cabe aguardar suficiente inteligencia para que Marruecos no crea que una barrera con concertinas le puede dar la victoria.

Los seleccionadores suelen acongojarse cuando tienen que tomar la decisión de mantener a un veterano cansado o dar carrete a un joven con piernas frescas y cabeza limpia de prevenciones. Los jóvenes juegan con más desparpajo y en el caso de Asensio no se trata de un catecúmeno, sino de quien ya ha arengado en grandes batallas.

Rusia ha montado un Mundial que está lleno de recuerdos y motivos históricos y culturales. Da la impresión de que estamos viajando en el Transiberiano y en las excursiones vamos a San Petersburgo, al asesinato de la familia del Zar, a los cosacos de Kazán, que enalteció musicalmente don Pablo Sorozábal y hoy nos toca Kaliningrado. La parada y fonda debe ser la catedral de San Basilio, junto al Kremlim. Es el billete que queremos comprar.