Bale fue el arma secreta

Se lesionó Salah y a partir de ese momento el Liverpool perdió un porcentaje elevadísimo de sus posibilidades de ser campeón. Karius cometió un error infantil, al sacar con la mano cuando delante estaba Benzema, que estaba a la caza, y logró el gol con el rebote inesperado. Isco envió un balón al larguero y estuvo a punto de  marcar el segundo tanto madridista. Lo relevó Zidane y Bale, a los dos minutos de presencia en el campo, aprovechó un pase de Marcelo y de una especie de chilena galesa marcó el segundo gol. Había anulado el empate de Lovren logrado en saque de esquina. Bale acabó siendo el arma letal de Zidane. Con dos dianas sustentó la victoria. Esta vez también cantó Karius. Que no supo despejar o desviar la pelota. Un suplente, Bale reivindicó el papel de la BBC. Le dio la razón a Zidane  que siempre ha creído más en los tres de ataque que en los creadores de juego.

Tal vez no ha habido final con incidencias tan sorprendentes como la de Kiev. Lloró Salah al salir e hizo lo mismo Carvajal cuando también la mala fortuna lo apartó del campo. El Real Madrid comenzó a ganar la final a la media hora de juego. Fue cuando se tuvo que retirar del campo Salah, la gran estrella del Liverpool el segundo goleador de las ligas europeas. En uno de los ataques del equipo inglés Sergio Ramos agarró a Salah por un brazo y ambos cayeron al suelo. Del accidente el egipcio salió lesionado del hombro izquierdo. Y se tuvo que retirar. Y toda la peligrosidad del ataque inglés quedó reducida a la mitad. Y no solamente eso, sino que, además, el conjunto pareció entrar en miedo colectivo y se dedicó a defender más que atacar, lo que había hecho con anterioridad y que había servido para que una vez más Keylor Navas salvara el marcador.

Las dos sustituciones condicionaron el partido. Más la de Salah que la de Carvajal, porque mientras Nacho es futbolista por el que se puede apostar, Lallana no representa el espíritu de su compañero dañado. La ausencia de Salah sirvió para que el Madrid pasara menos apuros defensivos en los que tanto Sergio como Varane habían tenido que luchar en el juego directo y en los cruces para solventar las llegadas de Firminho y Mané.

Hasta la primera media hora el Madrid tuvo dificultades para serenar su juego, para imponer el ritmo que más le convenía. El Liverpool robaba balones, combinaba con rapidez y buscaba con su futbol directo la oportunidad de llegar a Keylor. Éste hizo una de las paradas de forma realmente espectacular. El disparo de Arnold, duro, de cerca y casi raso, lo detuvo, pero sin que el balón se le escapara un centímetros. Lo blocó en el suelo como muy pocos guardametas suelen hacerlo.

En la segunda mitad, el Madrid se adueñó del balón y dejó al Liverpool a la aventura de alguna carrera de Mané, su atacante más incisivo. La revolución madridista estuvo en la inspirada actuación de Bale. El Liverpool perdió a Salah y se quedó sin su mejor arma ofensiva. El Madrid no contó esta vez con la efectividad de Cristiano. No la necesitó. Le bastó con Bale.  Y la listeza de Benzema. Los dos más cuestionados se levantaron en Kiev. Y con ellos el casi inigualable récord europeo del Madrid.