Griezmann nunca será un traidor

Tal vez fuera la última final de Griezmann con la camiseta del Atlético. Tal vez su marcha será dolorosa, pero no será considerado un traidor. Si finalmente se va lo hará dejando en el paladar futbolístico de los colchoneros la miel de dos preciosos goles en la final de la Liga Europa. Dos tantos que sentenciaron la final. Si con el primer tanto cambió el ritmo a favor del conjunto madrileño con el segundo, los marselleses no tuvieron más que rabia por lo que parecía inevitable. Griezmann, si fue su final, lo hizo a  lo grande. Para la mejor de las memorias colchoneras. Que tampoco olvidará que en su último año Torres, el idolatrado “Niño” tuvo el honor de recoger la Copa con Gabi.

No hay sistema táctico futbolístico que sea infalible. El Olympique empezó sacando el balón jugado desde atrás y con ello lo dominó y puso en aprietos al Atlético porque no se colocaba en el campo e iba un poco a la deriva. Oblak se ceñía a la fórmula de su equipo con saques largos hacia el campo contrario. Era error básico porque los marselleses tenían ventaja en estos largos envíos y se hacían con el balón. Y ocurrió lo inesperado. Mandanda, portero marsellés hizo pase en corto y su compañero Anguissa, que hasta entonces había sido el mejor de su equipo, cometió un error en el manejo del balón y el regalo lo aprovechó Griezmann que marcó el primer tanto de la noche. Lo que había sido bueno para uno y malo para el otro cambio de signo. Lo malo fue bueno y la bueno, malo.

Cuando las cosas salen de leche hasta los chivos la dan. Por si era poco, al Olympique se le lesionó su estrella, Payet, y con el tanto en contra y el golpe moral pareció otro. El Atlético que con el tanto se repuso y ocupó más lugar en el terreno y, consecuentemente, tuvo más posesión de  balón, cambió el signo del encuentro.

Hasta el tanto de Griezmann los franceses habían disfrutado de dos ocasiones espléndidas para batir a Oblak. En la primera Germain hizo lo más difícil que fue echar el balón fuera. En la jugada siguiente Ramí tampoco acertó entre los tres palos. Después de un cuarto de hora en el que  podía temer lo peor. El cambio de circunstancias hizo creer en la victoria rojiblanca.  Casi por un golpe de suerte se empezó a fundamentar la ilusión del triunfo.

La segunda parte que terminó con la tercera diana, obra de Gabi, fue de clara superioridad rojiblanca. Después de los dos tantos de Griezmann el equipo no se mostró conservador. Quizá otro equipo habría tratado de mantener la ventaja. No fue así porque buscó aumentarla y el esfuerzo mereció la pena porque llegó. Fue un final casi apoteósico.