La Roma se suicidó en el Camp Nou

Cuatro dianas a la Línea Maginot de la Roma no pueden definir el partido como buena función. Dos fueron en propia meta, el tercero lo marcó Piqué y el de Luis Suárez llegó a cuatro minutos del final. Con este balance y el tanto de Dzeko en el minuto 79, se podría pensar que hubo dominio y alguna facilidad para el gol. No fue así porque los romanos, que jugaron muy ordenadamente y dificultades en su zona, merecieron más fortuna. Ter Stegen hizo una de sus grandes paradas y también creó una jugada de inmediato tanto que él mismo, afortunadamente para el Barça, salvó. La pifia le obligó a pedir perdón a sus compañeros. Ganó el Barça y tiene la eliminatoria de cara. Venció el equipo barcelonés pero Messi no logró batir al guardameta Allyson que, entre otros detalles, dejó el de no sujetar los balones.

Ni siquiera Messi puede con lo imposible. Es jugador del que cabe esperar una genialidad, un regate inesperado, pero ni siquiera él en  los momentos más felices puede salvar la barrera de un equipo italiano que le pone delante cada vez que coge el balón a tres y hasta cuatro adversarios. Lo intentó en repetidas ocasiones porque el Barça depende de él de manera cada vez más fehaciente. Y tuvo que ser un romanista De Rossi quien hizo el remate más certero.

Con Messi acorralado y un juego lento que posibilitaba la defensa italiana el gol se veía poco menos que relegado a un golpe de fortuna. Lo fue con la desgraciada acción del jugador italiano, un veterano que se las sabe todas aunque nunca pudo imaginar que tener el Barcelona muy atenazado en las proximidades del área podía derivar en un tanto ante el que Allyson nada pudo hacer. El guardameta había salvado el mejor remate de Messi, aunque se le escapó el balón, y vio como el remate de Rakitic se estrellaba en un palo, en lo que antiguamente se llamaba la cepa del poste. Se quedó estupefacto cuando tuvo que ver como la pelota llegaba tocada por su compañero llegaba a su red. Y aún padeció la segunda diana en propia meta.

Sorprendidos quedaron los futbolistas barcelonistas y más aún el público que había constatado dos cuestiones fundamentales: jugando sin velocidad no se podía burlar a un conjunto que presionaba en todo el campo y se replegaba con orden militar y sin mediar la peligrosidad de la bandas el empate se barruntaba como mejor opción.

Valverde dejó en el banquillo a Dembelé que aún no ha dado grandes señales de vida y colocó a Semedo en el lateral derecho con el fin de que Sergi Roberto subiera por la misma zona. Semedo hizo algunas jugadas meritorias y se animó en los mano a mano en los que resulto victorioso en varias ocasiones. No bastó para hallar las entradas con talante goleador. Jordi Alba fue más incisivo por su zona y no obstante, el taponamiento de los romanos puso el juego en la incertidumbre.

La segunda parte fue muy favorable al equipo azulgrana a pesar de que en su área padeció muchos agobios. Los salvaron golpes afortunados defensivos y, sobre todo, contó con la ineficacia del conjunto romano.