Valverde y Zidane, sumidos en las dudas

Zinedine Zidane debe tener la cabeza hecha un lío. Le priva alinear a la BBC y en los momentos más oportunos son los de segunda fila quienes convencen a los aficionados. Valverde también debe estar pensando en las diferentes variaciones que la plantilla le ofrece y no acaba de despejar la duda metafísica. El club se ha metido en harina con fichajes extraordinarios y, por el momento, Paulinho no es titular indiscutible, Dembélé está aún a falta de algunos hervores y Coutinho anuncia grandes actuaciones, pero aún es sólo el recambio de Iniesta.

De vez en cuando se suelta el mensaje de los problemas que tiene un entrenador para manejar el número de estrellas. Hay quien dice que lo mejor que le puede suceder a un técnico es tener mucho y bueno donde elegir. Sin embargo, hay ocasiones en que escoger es grave problema. Valverde no se puede atrever a dejar en el banquillo a Iniesta para que juegue Coutinho. Seguramente mantiene la duda permanente para pensar en el puesto en que alinear a Dembélé. Todos son buenos, mas no está claro el puesto que debe ocupar cada uno para que encaje en el once.

Zidane debe decidirse pronto. No es conveniente alargar el periodo de dudas. El Madrid juega mejor, practica mejor fútbol con Isco y Asensio y ataca con más profundidad, y mayor peligro con Lucas Vázquez. El Madrid tiene notoria ventaja en los octavos de final europeos. No es muy arriesgado opinar que tiene el pase de cara. París no debe ser obstáculo insalvable. Aunque Neymar, Cavani y Mbapee pongan en aprietos a Keylor Navas, cualquiera que sea el equipo que alinee Zidane también puede batir a Areola.

Lo de París es tiempo por venir. Lo del Barça es la inmediatez. Es ocasión para comprobar si el entrenador se mantiene en lo que ha venido decidiendo o finalmente se la juega con novedades de la que está excluido Coutinho que ya jugó torneo europeo. El Madrid superó el primer gran test. El Barça ha de aprobar el suyo.

Posdata. El Madrid tiene facilidad goleadora, mas ha de tomar nota de los tantos que le marcan. Tres en Heliópolis parecen muchos.