Calma sin serenidad

No hay argumento periodístico más manido al acabar el año que recurrir a rememorar lo que pasó, a gozar con los buenos momentos, a disfrutar de las grandes sorpresas y de las gloriosas gestas. Pero todo ello es pasado. Está en las hemerotecas, en los resúmenes televisivos y hasta en la memoria de lectores y telespectadores. Lo que no está por visualizar es el futuro. Es la incógnita y para despejarla conviene analizar el camino a recorrer.

La Navidad ayuda a poner calma y pide serenidad. Ello no es malo. Sin embargo, lo bueno es prevenir y sobre todo, abandonar viejos moldes por mucho que en algún momento hayan servido. Verbigracia: el Madrid precisa estudiar los últimos acontecimientos, pero en ellos ha habido dos momentos contradictorios: ganar el Mundialito y verse humillado por el Barça en el Bernabéu. El primero es preferible olvidarlo. El segundo debe ser el problema a resolver. Perder con el máximo adversario, y del modo que lo hizo, no debe ser considerado puro accidente, tropiezo circunstancial.

Ganar la Supercopa de España de manera tan entusiastica, de forma tan convincente, se convirtió en espejismo. Zidane había preparado al equipo para empezar triunfando y el Barça, por el contrario, acudió a las citas de pretemporada sin haber ajustado sus líneas, ni haber sustanciado cuestión tan importante como la baja de Neymar. No fueron alentadores para los barcelonistas los primeros encuentros de la Liga en los que, a pesar de ganar, hubo demasiadas notas confusas. Finalmente, por los hechos, ha habido que aceptar que la fórmula de Valverde, que parecía romper con la esencia del equipo, está resultando muy positiva.

En Barcelona ha habido que aceptar el nuevo juego del equipo. Sobre todo, porque, de momento, da triunfos y en la Liga ha dejado casi en la cuneta al Real Madrid. En el Bernabéu presumir de cinco títulos no ha servido para proporcionar satisfacción al personal. En la Liga ha habido demasiados tropiezos. Antes del bofetón del barcelonismo hubo resultados descorazonadores. Y ahora, da la impresión de que Zidane ha perdido el oremus. Comienza a tener demasiadas dudas. Al aficionado le ha descolocado que haya prescindido de los mejores y relegado a los jóvenes fichados con presunción de futuro.

Posdata. Estamos en época de fichajes a la desesperada. Caerá más de uno. Para buscar Europa o para no descender.